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27.11.24

¿Es el Ozempic lo peor? Comentarios al artículo de Enrique Aparicio


Tras leer el artículo publicado en Público y titulado "El odio a mi cuerpo fue mi Ozempic", firmado por Enrique Aparicio, en el que relata su experiencia con su sobrepeso y expone opiniones sobre el medicamento Ozempic, he decidido escribir este post para comentar algunas de sus reflexiones y para exponer algunas de las mías. Así que, obviamente, antes de leer este artículo conviene leer el de Enrique.

Para empezar debo decir que comparto muchas de las opiniones y emociones que Enrique expresa en su texto. Como expliqué en esta charla de hace unos años, hay evidencia sobrada de la existencia de gordofobia en nuestra sociedad. Una gordofobia generalizada, despiadada y tan normalizada que con frecuencia no somos conscientes de estar totalmente inmersos en ella, como víctimas y como victimarios. Por eso empatizo con los detalles que aporta sobre su experiencia particular, ya que el estigma que sufren las personas con sobrepeso es tan real como injusto. Y también coincido con él en que, con mucha frecuencia, la mayor motivación personal para la pérdida de peso no viene dada por el interés por la salud, sino por la importancia que damos a unas proporciones antropométricas concretas y por nuestro deseo de sentirnos atractivos y aceptados. 

Sin embargo, hay otra parte del artículo con la que discrepo. Me refiero a lo relacionado con el Ozempic (nombre comercial del medicamento que tiene como principio activo la semaglutida), uno de los agonistas GLP-1 que se han desarrollado y se están utilizando para tratar la diabetes tipo 2 y la obesidad. A la hora de valorarlo Enrique se decanta por posicionarse en el extremo más crítico y negativo. Y para justificarlo recurre a diversos argumentos que, en mi opinión, son muy discutibles.

28.5.19

Sol y cáncer de piel, ¿las cremas solares protegen o son peligrosas?


Con el verano y el buen tiempo siempre llegan también los avisos sobre el exceso de sol y las insistentes recomendaciones para protegerse adecuadamente mediante cremas solares. Imagino que para regocijo de los vendedores de estas cremas protectoras, que hacen (literalmente) su agosto.

Sin embargo, últimamente se han multiplicado los mensajes confusos sobre el tema, sobre todo en ambientes en los que la quimifobia (rechazo a todo a lo que suene a química) es habitual. La mayoría de contenidos con estos enfoques se centran en acusar a los fabricantes de cremas (empresas químicas y farmacéuticas, ¡como no!) de forrarse a costa de nuestra salud, elucubrando sobre la presencia de posibles componentes tóxicos y dañinos en su composición. Con frecuencia, estas acusaciones suelen venir acompañadas de generosos enlaces a tiendas en las que podemos encontrar productos alternativos, claro.

El caso es que este tipo de información puede resultar desconcertante para el lector medio. ¿Es malo o bueno tomar el sol? ¿Las  cremas sirven para algo? ¿Previenen el cáncer de piel o incluso podrían ser contraproducentes?

Antes de nada, vamos a repasar los aspectos básicos de la radiación solar y las cremas; de forma breve, porque ya hay abundante información al respecto.

3.6.18

La toxicidad de plaguicidas o pesticidas, en perspectiva

El miedo a los plaguicidas (o pesticidas) suele ser uno de los recursos más utilizados a la hora de vender productos "naturales", prometiendo menos cantidad de este tipo de sustancias y alertando de los posibles efectos negativos de su acumulación en el organismo. A nadie nos apetece ingerirlas, pero hoy en día siguen siendo necesarias en la agricultura y lo cierto es que no hay pruebas de peso que muestren que la cantidad habitual de residuos que podemos encontrar en los alimentos afecten negativamente a la salud. Son cantidades que se controlan de forma continua por las entidades correspondientes y que suelen estar dentro de los rangos de seguridad establecidos, por lo que no deberían preocuparnos de forma especial, como detallé y expliqué en este post y como se ha confirmado en informes posteriores como este de la EFSA.

Con los plaguicidas nos puede pasar como con otras muchas situaciones al evaluar sus riesgos, que no tenemos correctamente interiorizada su verdadera dimensión. Por ejemplo, a muchas personas les atemoriza más dar frutos secos a los niños que montarles en un coche o llevarles a la piscina, cuando los datos indican que fallecen muchos más niños en el agua y por accidentes de tráfico que atragantados, como expliqué en este post. Con frecuencia infravaloramos los riesgos de las actividades que nos son más familiares, a las que estamos más acostumbrados o que creemos que están bajo nuestro control y sobrevaloramos los riesgos asociados a otras que conocemos menos o que incluyen variables que percibimos como extrañas o inquietantes, como los elementos químicos con nombres impronunciables y con propiedades tóxicas.

19.2.18

Jordi Évole y los cerdos: Últimos datos sobre carne, antibióticos y hormonas



Tras el reciente programa televisivo de Jordi Évole sobre una granja de cerdos en el que se mostraron  impactantes imágenes de animales enfermos que crearon una enorme alarma y controversia, creo que conviene dejar claras algunas cuestiones sobre las que se hicieron afirmaciones infundadas. Me refiero a la supuesta presencia de elementos indeseados (antibióticos y hormonas) en la carne para el consumo humano.

Estos son los datos las últimas inspecciones de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), que pueden extraerse de su último informe sobre el tema "Report for 2015 on the results from the monitoring of veterinary medicinal product residues and other substances in live animals and animal products" (2016):

29.9.17

Mitos sobre el cáncer: químicos, radiaciones, dieta, cannabis, homeopatía...



No sé si os pasa a vosotros, pero a veces tengo un post en mente durante meses, incluso años, y la falta de tiempo u otras prioridades me impiden terminar de escribirlo. Afortunadamente internet es tan inmensa que al final siempre aparece alguien que materializa esas ideas en un artículo muy parecido al que podía estar pensando, casi siempre superando lo que yo hubiera sido capaz de escribir.

Es lo que me ha pasado con un post sobre los mitos más conocidos sobre el cáncer. Un reciente artículo del investigador David Ribert Grimes publicado en The Guardian, "Tackling cancer treatment myths, from clean eating to cannabis", se ajusta a lo que tenía en mente, así que me he limitado a traducirlo.

Aquí lo tienen:

26.3.15

Glifosato y cáncer

Tras el revuelo que ha generado la reciente noticia sobre el glifosato y el cáncer, os traigo una traducción de un artículo que se publicó hace un par de días en Nature, con unas cuantas FAQ sobre el tema y que creo que resume bastante bien la situación:

"El área que investiga el cáncer en la Organización Mundial de la Salud anunció la semana pasada que el glifosato, el herbicida más utilizado en el mundo, es probablemente cancerígeno en humanos. La evaluación, realizada por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) en Lyon, Francia, ha provocado una reacción inmediata por parte de la industria.

El 23 de marzo, Robb Fraley, director de tecnología de la compañía agroquímica Monsanto en St. Louis, Missouri, que vende gran parte de glifosato del mundo, acusó a la IARC de "cherry picking" de datos. "Estamos indignados con esta evaluación", dijo en un comunicado. Nature explica la controversia.

24.7.14

Ambientadores "naturales y tradicionales", tóxicos y peligrosos

Si eres aficionado a lo alternativo, lo natural, el yoga, la relajación y la meditación, es probable que también utilices de vez en cuando ambientadores en la misma línea. Evidentemente, no me refiero a esos engendros tecnológicos anunciados en TV, que se enchufan a la corriente eléctrica y que dispersan olores de lo más variados, sino a los más naturales y tradicionales, que también suelen venderse en las ferias medievales muy auténticas que se recorren los pueblos de España por estas fechas: Velas perfumadas, aceites de quemar e inciensos. Vamos, los que son muy jipis y/u orientales y que además de oler a países lejanos, te ayudan a relajarte y a crear un buen ambiente.

O no tanto.

1.4.13

¡Que no, que las vacunas no provocan autismo!

El tema de correlacionar la vacunación con el autismo sigue sorprendentemente en vigor, especialmente entre los grupos de padres más radicales e irresponsables que deciden no vacunar a sus hijos, exponiendo así a todos sus amigos y compañeros a un contagio que implica muchos más riesgos que la vacuna. Por supuesto, también recurren a esta cuestión los que utilizan el marketing del miedo, el truco de destacar las propiedades de un producto poniéndolo al lado de otro supuestamente muy malo. Las vacunas tendrían el papel de malo, muy venenosas y muy tóxicas, y sus productos el papel héroe salvador, ayudando a prevenir curar lo que haga falta.

Por supuesto, ninguno de ellos menciona el hecho de que está demostrado que toda esta idea no es más que un fraude que se montó por intereses económicos, engañando a los pacientes y falseando datos. Y que ha sido desacreditado por la comunidad científica una y otra vez; hace unas semanas, a principios de marzo, volvió a ocurrir. Se publicó el último estudio sobre la asociación entre las vacunas y el autismo, Increasing Exposure to Antibody-Stimulating Proteins and Polysaccharides in Vaccines Is Not Associated with Risk of Autism, que puede descargarse completo desde este enlace. Y, como era esperable, de nuevo concluyó que no hay relación entre ambos factores, como podéis observar en las siguientes tablas que incluye:

28.6.12

5 razones por las que prefiero los medicamentos a los remedios naturales

Oye, que cansino todo el rollo ese de ponerle la palabra natural a todo para que pensemos que es más sano o que no le añaden porquerías. Cuando veo el pan de molde anunciándose como natural, intentó imaginar cómo será el árbol del que sale, pero como que no hay forma. Eso sí, la gente pica a destajo, aunque no lo reconozca. No lo saben ni nada los de marketing...

Lo que ya me molesta un poco más es lo de los remedios y pseudomedicinas naturales. Me ha vuelto la inquietud después de que la Ministra Mato (buen apellido para la ¿defensora? de la sanidad española) recomendara cambiar los tratamientos con dudosa eficacia terapeútica por hierbitas y similares. Muy propio de una ministra.

El caso es que es sorprendente la enorme cantidad de gente que pone al mismo nivel los remedios de naturopatía y los medicamentos de verdad. Incluso algún inconsciente por encima. Con la cantinela de que las farmacéuticas nos tienen a todos envenenados y nos quieren mantener enfermos para poder vendernos sus productos sin fin, nos repiten machaconamente sus mensajes. Mensajes que son, siendo suave, una soberana estupidez.

Por mi parte yo prefiero la química. Quizás haya algo de deformación profesional, pero sobre todo es por las siguientes razones, de cajón de madera de pino:

1- Las plantas no se crearon para curarnos

Como no pueden defenderse a mordiscos ni salir corriendo, la evolución ha dotado a las plantas de numerosos mecanismos para sobrevivir. Uno de los más eficaces es la presencia en sus entrañas de compuestos tóxicos o indigestos, algo muy persuasivo con los animales más osados y que se atreven a probarlas. De hecho, si te das un paseo por el campo y te comes una pizca de algunas de las plantas que no conozcas de nada, lo más probable es que acabes con un buen dolor de barriga o medio intoxicado. Por lo tanto, el hecho de que uno de sus componentes tenga utilidad terapeútica es simple casualidad, ni la evolución ni la planta pensaron en nuestra salud cuando posibilitaron que se incorporara el compuesto beneficioso a su composición. Más bien al contrario, si por ellas fuera, creo que les encantaría ser capaces de envenenarnos a todos los que nos las zampamos.

Un ejemplo que ilustra bastante bien esta primera razón es el género de plantas llamadas Aristolochia, usadas en la medicina tradicional china, egipcia y romana durante miles de años. Pues bien, hay diversos estudios, como "Mutational signature of aristolochic acid exposure as revealed by whole-exome sequencing" y "Genome-wide mutational signatures of aristolochic acid and its application as a screening tool" que han demsotrado que es altamente tóxica y cancerígena.

2-Los medicamentos de verdad siguen rigurosos protocolos para demostrar que funcionan

Para que se apruebe la venta de un medicamento de verdad debe superar un montón de requisitos, pruebas en animales y en humanos y protocolos que aseguren mínimamente su eficacia y seguridad. Y son largos, caros y exigentes. Por ejemplo, en este enlace, está los que sigue la FDA, la agencia del medicamento americana. Es cierto que no son perfectos, pero son muy fiables y cada día es más difícil conseguir nuevas aprobaciones, porque los nuevos medicamentos deben demostrar que aportan resultados superiores a los ya existentes. Por contra, los remedios naturistas no tienen que seguir ninguna exigencia ni protocolo, ya que oficialmente no son considerados medicamentos. Con tal de que no envenenen a nadie, se pueden vender con las estratagemas habituales de marketing que les asignan propiedades no demostradas.

3. Muchos medicamentos ya son naturales

La síntesis de moléculas y compuestos no es una tecnología sencilla, ni mucho menos. Por eso, a menudo para las empresas farmacéuticas, tras identificar un principio activo, es más económico y sencillo buscar un producto natural (planta, alga...) en el que esté presente y extraerlo mediante diferentes procesos.

4- El principio activo es el principio activo 

Tanto en un medicamento como en un producto de herboristería lo que aporta el efecto beneficioso es lo mismo: El principio activo, un compuesto concreto. Químicamente un compuesto es un compuesto, sus moléculas son exactamente las mismas y sus propiedades también.  Por eso, jamás se ha podido demostrar que un principio activo administrado desde una hierbecita tenga resultados diferentes a otro suministrado mediante una pastilla. Ni se demostrará, claro.

5- Es mejor saber todo lo que se toma y cuánto se toma

Cuando se fabrica un medicamento, se sabe con exactitud qué contiene (componentes, principios activos, excipiente, etc.) y su dosis o concentración (cantidad). Sin embargo, es imposible saber con precisión la concentración de un componente en una planta. De hecho, esta concentración suele variar bastante en función de diversos aspectos de su entorno: Época del año, situación geográfica, climatología... Además, las plantas contienen infinidad de otros compuestos, junto con el principio activo que buscamos, algunos quizás conocidos, otros muchos seguro que no. Y teniendo en cuenta la razón número 1, creo que es mucho más razonable saber qué y cuánto tomas exactamente que tomarte un brebaje medio a ciegas.

En definitiva, en el tema de medicamentos y productos de naturopatía, más natural significa menos control, menos pruebas de que funciona, menos seguridad y menos conocimiento de lo que se está tomando. Yo lo tengo claro.