
Pero la naturaleza humana es la que es y parece que unos cardan la lana y otros se llevan la fama; la titulación no impide que los espabilados intenten sacar tajada de cualquier situación. He rescatado de mi disco duro un estudio que realizó por el año 2000 la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) sobre los dentistas, un gremio que anteriormente para mi estaba fuera de toda sospecha.
La situación que plantearon fue la siguiente: Tomemos a una persona con diversas afecciones bucales, identifiquémoslas por consenso con varios especialistas de reconocido prestigio y después mandémosle a recorrerse veinte consultas de dentistas, tanto particulares como clínicas especializadas, pidiendo diagnósticos y presupuestos.
Las conclusiones no pueden ser más desalentadoras: De los veinte, cuatro propusieron empastes (algunos incluso muy complejos) en piezas sanas, siete no identificaron la caries de una pieza, tres dieron soluciones parciales sin explicaciones para un problema serio de encías y tres propusieron tratamientos sobredimensionados (y mucho más caros) para problemas sencillos. En definitiva, catorce de los veinte obtuvieron resultados malos o muy malos. Como evidencia de la disparidad de criterios, los precios de los tratamientos oscilaron entre 36 y 1000 euros (entonces, pesetas). Si quieres conocer más detalles, bájate aquí el estudio completo.
¿Habrá cambiado la situación en siete años? A mi el informe me parece de lo más actual, a pesar de todo. No estaría mal que lo repitieran... con dentistas, médicos, abogados, mecánicos...