17.8.21

El negocio y la industria de los antivacunas

Esta pandemia se ha convertido en un macabro festín para los antivacunas. Muchos estamos observando impotentes cómo difunden bulos y mentiras día tras día, sin descanso, lo que les está permitiendo captar nuevos seguidores por todo el mundo.

Como cuenta la periodista experta en movimientos antivacunas Tara Haelle en este artículo del New York Times,  desde hace años hay grupos muy organizados y que han convertido esta actividad en su trabajo y negocio. Son empresas con numeroso personal, que actúan de forma sistemática y planificada, utilizando eficazmente la tecnología para crear y difundir masivamente todo tipo de desinformación sobre las vacunas. Tienen equipos de personas buscando estudios dudosos y fraudulentos, sacando de contexto resultados e interpretándolos de forma interesada. Inventando historias , testimonios y bulos. Y diseminado todo ello con innumerables posts, artículos, videos y comunicados, a diario y en todo tipo de redes sociales, foros y grupos.  Generando dudas y desconfianza entre la población, lo que les permite captar seguidores. Y ganar dinero, claro. No solo por los ingresos generados a partir de su intensa actividad en internet, también a través de la creación de entidades de fines dudosos para las que buscan subvenciones y financiación, montando  negocios de pseudoterapias y tratamientos alternativos que se promocionan criticando la medicina real y las vacunas o promoviendo litigios contra las farmacéuticas utilizando abogados especializados.

Se pueden conocer los detalles de toda esta actividad y su modus-operandi en los informes publicados por el Center for Countering Digital Hate (CCDH). En el primero, "Pandemic profiteers: The business of anti-vaxx" se explica su estructura, cabecillas y mecanismos de financiación. En el segundo, "The Disinformation Dozen: Why platforms must act on twelve leading online anti-vaxxers" se hace hincapié en los protagonistas de toda esta industria, una docena de personas concretas, y se sugieren acciones para su neutralización vía internet y redes sociales.


Para hacerse una idea de lo que podemos encontrar en estos informes, recientemente se ha publicado en la revista Nature Medicine el artículo "Dismantling the anti-vaxx industry" (2021), escrito por el CEO del CCDH, que resume las ideas principales y que traduzco a continuación: 

"El término "antivacunas" puede evocar imágenes de un teórico de la conspiración en un sótano mugriento o una figura desaliñada despotricando contra "microchips" y "complots globales". En realidad, los protagonistas clave de la "industria antivacunas" son un grupo coherente de propagandistas profesionales. Se trata de personas que dirigen organizaciones multimillonarias, constituidas principalmente en los EE. UU., Con hasta 60 empleados cada una. Desarrollan manuales de capacitación para activistas, adaptan sus mensajes para diferentes audiencias y organizan reuniones similares a conferencias comerciales anuales, como cualquier otra industria.

En octubre de 2020, investigadores del CCDH asistieron y grabaron una reunión privada de tres días de los antivacunas más destacados del mundo. Nuestro equipo obtuvo información sin precedentes sobre la oposición organizada al lanzamiento de la vacuna contra COVID-19. A pesar de la banalidad y la vacuidad de las presentaciones de los antivacunas, hubo un escalofriante nivel de organización e intencionalidad.

Lo que también quedó claro fue la sofisticación de los medios que emplean en las redes sociales. Han podido desarrollar estas tácticas porque las empresas de redes sociales han recibido con los brazos abiertos a los actores clave en esta industria antivacunas, para que usen sus servicios para reclutar nuevos seguidores y difundir más que nunca sus mentiras. Como resultado, existe una infraestructura en internet de webs antivacunas, grupos de Facebook, canales de YouTube, páginas de Instagram y cuentas de Twitter con una audiencia total de 59 millones. Solo en el Reino Unido, hay 5,35 millones de seguidores de antivacunas en las redes sociales.

Los antivacunas se capacitan entre ellos para identificar posibles objetivos en internet. Discuten sus tácticas para profundizar en los temores de la gente, sembrando dudas sobre si deberían vacunarse, profundizando en el rechazo a las vacunas y convirtiendo a "los elegidos" en antivacunas de pleno derecho y encargados de propagar aún más las mentiras. Los antivacunas se distribuyen a través de las redes sociales, encontrando nuevas y variadas formas de inyectar información errónea en las noticias de los usuarios. En ese sentido, están mucho mejor equipados para llegar a las personas que el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido y la Organización Mundial de la Salud, que dependen de comunicaciones digitales centralizadas a través de cuentas con poca participación y poca "personalidad" o "autenticidad".

Todo esto ya ocurría antes de la pandemia. Los antivacunas ven la COVID-19 como su oportunidad para crear rápidamente dudas generalizadas sobre su vacuna y, de hecho, sobre todas las vacunas. Hay varios factores que juegan a su favor. Las redes sociales han revitalizado varias formas de extremismo y extremistas de diferentes tendencias reconocen su potencial para impulsar el cambio social. La desinformación, que los medios tradicionales filtran a través de sus reglas editoriales, ahora está accesible y sin filtros para la mayor parte de la población mundial. Recuerde que el Reino Unido perdió su estado "libre de sarampión" en 2019, mucho antes del COVID-19, debido a la disminución de las tasas de inmunización, y también surgieron brotes de sarampión en zonas de EE.UU.

Hay medidas que todos podemos tomar para contrarrestar esta industria de la desinformación, que amenaza nuestra salud, la de nuestros seres queridos y nuestra sociedad.

Cuando vemos información errónea sobre antivacunas en las redes sociales, debemos resistirnos a caer en la trampa de involucrarnos, por muy tentador que sea señalar fallos y falsedades obvias. Involucrarse con información errónea en internet la propaga aún más: si nos rascamos la picazón, propagamos la enfermedad. En cambio, es mucho más útil y eficaz compartir buena información sobre las vacunas de fuentes fiables. Y cuando cada uno de nosotros se vacune, deberíamos decírselo a nuestros amigos y seguidores. Las fotos y los clips publicados en las redes sociales de los primeros receptores de las vacunas nos animan a todos y muestran que no hay nada que temer.

Para las organizaciones de salud pública involucradas en el desarrollo y despliegue de la vacuna, es vital que estudien el plan de los antivacunas para evitar que tenga éxito. Cada mensaje antivacunas puede resumirse en una narrativa de tres partes: 

  1. El COVID-19 no es peligroso.
  2. Las vacunas son peligrosas.
  3. No se puede confiar en los médicos ni en los científicos. 

En lugar de intentar refutar todas las absurdas teorías de la conspiración, los profesionales deberían "vacunar" contra esas tres afirmaciones principales. Y deben hacerlo en todos los rincones de internet, con toda la gente que conozcan. Por ejemplo, los médicos y científicos deben unirse al grupo de Facebook de su comunidad local y ofrecerse a responder cualquier pregunta que tengan sus vecinos sobre la vacuna contra COVID-19.

La solución más simple para esto es que las empresas de redes sociales eliminen las fuentes superdifusoras de desinformación antivacunas: los propagandistas profesionales que se ganan la vida con la industria antivacunas y sus plataformas, como se detalla en nuestro informe. No existe una justificación moral para sacar provecho de las mentiras dañinas, y no existe una barrera legal para que las empresas de redes sociales las eliminen por incumplimiento de sus condiciones de servicio. De hecho, en los EE. UU., Las decisiones de moderación están explícitamente protegidas por la ley. El problema nunca ha sido la capacidad, ha sido la voluntad de actuar. Las empresas de tecnología no han actuado porque su modelo de negocio se basa en mantener a los usuarios en sus plataformas desplazándose por el contenido, intercalado con publicidad, independientemente del impacto de ese contenido en la sociedad. Su falta de acción debería ser castigada con una estricta regulación gubernamental.

Todos hemos estado poniendo nuestro granito de arena en 2020 y 2021 para contener la pandemia de COVID-19. Piense en los amigos y familiares que no ha visto. Piense en los médicos que arriesgan sus propias vidas y pierden pacientes a causa de este cruel virus. Piense en los esfuerzos hercúleos realizados por los científicos para desarrollar una vacuna en un tiempo récord. Sin embargo, la industria antivacunas y las empresas de tecnología, por sus propias razones solipsistas, amenazan con descarrilar todo ese progreso. Depende de todos nosotros evitar que lo hagan."

Como complemento a estos textos también se puede leer el reciente artículo sobre Joseph Mercola, uno de los doce líderes propagadores de información antivacunas citados en los informes del CCDH, publicado en el New York Times, "The Most Influential Spreader of Coronavirus Misinformation Online". Nos permitirá conocer un poco mejor el perfil de este tipo de gente, en este caso un multimillonario gurú de las pseudoterapìas.

12.7.21

¿Ser joven o estar sano protege de sufrir Covid-19 grave o mortal?

En la fase actual de la pandemia es relativamente fácil encontrar a gente que piensa que si eres relativamente joven y/o estás sano, los riesgos asociados a la Covid-19 son despreciables. Y que incluso no merece la pena vacunarse. 

En este post voy a comentar la evidencia que he encontrado sobre los efectos del Covid en personas jóvenes o sanas, para poder conocer hasta que punto este tipo de ideas son correctas y están basadas en datos.

La juventud como factor protector

Desde el inicio de la pandemia se sabe que la edad es el factor de riesgo fundamental para sufrir una Covid-19 grave. Hemos sido testigos de cómo millones de personas mayores fallecían en todo el mundo por los graves efectos del coronavirus. Y los estudios han mostrado claramente que la mortalidad y la gravedad de la enfermedad aumentan exponencialmente en función de la edad. 

Por ejemplo, en el metanálisis "Assessing the age specificity of infection fatality rates for COVID-19: systematic review, meta-analysis, and public policy implications" (2020), se incluyó el siguiente gráfico sobre la relación entre la mortalidad de personas infectadas (IFR) y la edad, que muestra claramente esta relación exponencial:


Por lo tanto, es cierto que en la medida en la que la edad es menor, el riesgo de Covid grave o mortalidad por Covid se reduce en gran medida. Así que sin duda la juventud es un importante factor protector, lo cual se suele reflejar de forma muy clara en los porcentajes de afectados por la enfermedad, como estos datos de España (fuente, informe 7 julio 2021):



Viendo que en los rangos de edad más bajos los porcentajes son de muy pequeña magnitud, podría pensarse lo que comentaba al inicio del post, que entre los jóvenes el riesgo es inexistente. Pero esa idea está equivocada, conviene analizar los datos con mayor detalle para poder conocer su magnitud real. 

En las siguientes dos tablas, correspondientes a los periodos febrero 2020-mayo 2020 y junio 2020-julio 2021 (están separados porque desde el gobierno se modificaron los criterios de contabilización), podemos ver los datos oficiales en España de infecciones, hospitalizaciones, ingresos UCI y muertes por Covid-19 (fuente):



Si nos fijamos en las primeras filas de cada tabla, se observa que, a pesar de que con la edad el riesgo se reduce en gran medida, sigue habiendo una cantidad significativa de afectados. Por ejemplo,  considerando solo los menores de 40 años, ha habido aproximadamente 30.000 hospitalizados, 2000 ingresos UCI y 300 fallecidos. Si solo tenemos en cuenta los menores de 30 años sumarían unas 14.000 hospitalizaciones, 700 ingresos UCI y 100 muertes. Y en lo que respecta únicamente a menores de edad, en números redondos hablaríamos de unos 5000 hospitalizados, 300 ingresos UCI y 30 muertes. 

Conviene recordar que hablamos de un momento en el que en España ha pasado la enfermedad solo un 15-20% de la población. Estas cifras seguirían creciendo en la medida en la que se fuesen contagiando más personas. 

(Actualización: en el siguiente gráfico se pueden ver las hospitalizaciones semanales por Covid-19 de menores de 60 años en España, durante los meses de julio y agosto de 2021 - fuente - y se aprecia que durante el pico el grupo de edad con más hospitalizados es el de 30 a 39 años,  con casi un millar a la semana, seguido de cerca del de 40 a 49 y después por el de 20 a 29. Incluso entre los niños de 0 a 9 años y jóvenes de 10 a 19 las cifras fueron elevadas, 100 y 200 hospitalizaciones por semana, respectivamente):



Estas proporciones se repiten de forma similar y proporcional en otros países. Por ejemplo en el estudio realizado en EEUU con datos de tres cuartos de millón de niños y menores de 19 años, Children with SARS-CoV-2 in the National COVID Cohort Collaborative (N3C)" (2021, preprint) se calculó que  uno de cada 17 contagiados es hospitalizado y uno de cada 130 desarrolla enfermedad grave. Y en el estudio realizado en Inglaterra "Deaths in Children and Young People in England following SARS-CoV-2 infection during the first pandemic year: a national study using linked mandatory child death reporting data" (2021, preprint) se calculó que fallecieron 5 de cada 100.000 menores infectados por Covid (en este caso no se calcularon hospitalizaciones ni ingresos UCI, pero dado que la proporción de fallecimientos es similar a la española es posible que las cifras sean semejantes).

Por lo tanto, aunque son cifras relativamente pequeñas comparadas con las de edades avanzadas, no son despreciables. Y sin ninguna duda son mucho mayores que los posibles efectos secundarios que puedan tener las vacunas mRNA (Pfizer o Moderna), que suelen ser las que se aplican en estos tramos de edad. Tanto los posibles fallecimientos por este tipo de vacunas (de momento ninguno confirmado en España) como los casos de miocarditis (muy escasos y casi siempre leves) son de mucha menor magnitud que las miles de hospitalizaciones, ingresos UCI y muertes por Covid que se suman entre los más jóvenes. Por ejemplo, si hablamos de toda Europa, en el último análisis de la Agencia Europea del Medicamento se han analizado unos 300 casos de miocarditis y pericarditis tras 200 millones de dosis de Pfizer o Moderna y se ha concluido que los beneficios de la vacunación son mucho mayores que los riesgos, incluso entre los más jóvenes. Por su parte el CDC ha realizado un análisis de riesgo-beneficio de estas vacunas en jóvenes, identificando unos 40 casos de miocarditis por millón entre menores de 30 años en EEUU. Unos efectos muy inferiores a las seis muertes, 138 ingresos UCI y 560 hospitalizaciones por millón de personas que ha provocado el Covid-19 en este mismo tramo de edad en dicho país (se puede encontrar una explicación detallada y muy visual en español en este enlace del periódico El País). 

Por otro lado es bastante probable que la miocarditis derivada del Covid sea bastante más frecuente y grave que la miocarditis provocada por las vacunas. Por ejemplo, en el estudio "Risk of Myocarditis from COVID-19 Infection in People Under Age 20: A Population-Based Analysis" (2021, preprint), se encontró mucho mayor riesgo de miocarditis (seis veces mayor) entre aquellos jóvenes que se habían infectado con coronavirus comparados con quienes se habían vacunado. Por otro lado, en el caso de los niños la miocarditis es una patología que afecta a más de la mitad de los que sufren el síndrome inflamatorio múltiple (SIM) tras la infección (algo que ocurre a uno de cada 3000 niños contagiados). En ese sentido, en el estudio "Multisystem Inflammatory Syndrome in Children in New York State" (2020) se concluyó que el 80% de los casi 200 niños con Covid y SIM estudiados tuvieron que ingresar en la UCI y dos de ellos fallecieron. Por el contrario, en los análisis realizados por el CDC y otras agencias oficiales la inmensa mayoría de casos de miocarditis tras la vacuna se resolvieron sin problemas y en pocos días. 

Si alguien quiere profundizar en el tema de la miocarditis y sus riesgos, en este post se hace un repaso bastante completo y didáctico. De cualquier forma no me cabe ninguna duda de que durante los próximas semanas los expertos irán recopilando más información y se irán publicando más estudios que permitirán seguir realizando análisis e ir ajustando las recomendaciones de vacunación (por tipo de vacuna, dosis, etc.), especialmente entre los tramos de menor edad y los niños, para así optimizar la relación riesgo-beneficio. 

Patologías previas y gravedad de Covid-19

También desde el inicio de la pandemia se sabe que el hecho se sufrir patologías previas es un factor que se relaciona claramente con un mayor riesgo de gravedad de la enfermedad (ejemplo). Muchas personas que han fallecido o que han sufrido síntomas graves y secuelas importantes por Covid-19 también presentaban previamente indicadores de salud preocupantes o convivían con enfermedades importantes, como la enfermedad cardiovascular o renal, la diabetes tipo 2  o el cáncer. Esta relación se ha confirmado en numerosos estudios, como los siguientes:

El análisis de la influencia concreta de las patologías previas es complicado ya que la edad es un factor de confusión muy importante. Las personas mayores suelen presentar una mayor prevalencia de este tipo de patologías, por lo que hay que ser cuidadoso al hacer deducciones de causalidad. Algunas entidades oficiales ya están publicando y actualizando conclusiones basándose en los estudios más recientes, como el CDC (enlace). 

Por nuestra parte también podemos extraer información de estos trabajos para conocer mejor los efectos de la enfermedad entre las personas sanas, que es de quienes estamos hablando en este post. Por ejemplo, podemos explorar lo que ocurre en un colectivo especialmente joven y generalmente muy saludable, el de los atletas y deportistas. En este artículo del New York Times podemos conocer algunos casos bastante llamativos de atletas de élite que han estado gravemente afectados por el Covid-19. Y también se han publicado casos de muertes entre atletas jóvenes, en principio sanos y muy en forma (ejemplo). Pero lo cierto es que este tipo de información no deja de ser un recopilatorio de anécdotas con escaso valor a la hora de generalizar. 

Si nos centramos en publicaciones científicas, estas serían algunas que he encontrado sobre los atletas y el Covid:

  1. COVID-19 and the Athlete: Gaining Ground But Not Yet at the Finish (2021)
  2. Athletes Health during Pandemic Times: Hospitalization Rates and Variables Related to COVID-19 Prevalence among Endurance Athletes (2021)
  3. Prevalence of Inflammatory Heart Disease Among Professional Athletes With Prior COVID-19 Infection Who Received Systematic Return-to-Play Cardiac Screening (2021)
  4. Prevalence of Clinical and Subclinical Myocarditis in Competitive Athletes With Recent SARS-CoV-2 Infection (2021)

Leyendo las conclusiones de estos trabajos puede deducirse que la prevalencia de síntomas graves en este colectivo es baja y menor que la población en general. Pero no nula, ni mucho menos. 

Por ejemplo, en el tercer estudio se detectó un caso de miocarditis o pericarditis por cada 150 casos de  Covid-19. Y en el cuarto estudio se detectó un caso de miocarditis por cada 50 infectados. Esta prevalencia supone un riesgo bajo pero no despreciable. Y, de cualquier forma, muy superior a la posibilidad de desarrollar miocarditis por efecto secundario de la vacunación con los datos del último análisis del CDC, que sería de un caso de miocarditis por cada 25.000 vacunados.

Dejando los atletas a un lado, si nos centramos en la población en general la búsqueda de datos entre personas saludables se complica, ya que la mayor parte de las investigaciones se centran en la perspectiva contraria. Tiene lógica, ya que clínicamente es más útil estudiar a personas con problemas de salud y enfermedades, para así poder concretar el posible efecto negativo de patologías previas concretas y trabajar por prevenirlas. Por ello hay poca información sobre los efectos del Covid en personas sanas, pero he encontrado algunas publicaciones de las que podemos deducir algunas cosas. 

Por ejemplo, en uno de los primeros estudios sobre este tema,  "Risk Factors Associated With In-Hospital Mortality in a US National Sample of Patients With COVID-19" (2020), se apreciaba que aunque las personas sin patologías previas presentaban un riesgo de gravedad menor que el resto, también podían verse afectadas en un porcentaje significativo (un 30% de hospitalizados y un 12% de fallecimientos):


En otro trabajo más reciente y completo, la revisión sistemática "A systematic review and meta-analysis of geographic differences in comorbidities and associated severity and mortality among individuals with COVID-19" (2021), se analizó la relación entre la gravedad y mortalidad de Covid-19 y la existencia de numerosas patologías o condicionantes de salud previos, segmentado en tres grupos de edad (menores de 50, entre 50 y 65 y mayores de 65). En esta tabla pueden verse todos los resultados y en las siguientes figuras he extraído y resaltado los datos de casos graves y mortales entre personas sin patologías previas:



Como se puede observar, las personas sin patologías previas presentaron porcentaje menor de Covid-19 grave o mortalidad, pero tampoco fue un valor despreciable: un 19% de los casos graves (12% en los menores de 50 años, 26% en los de 50 a 65 años y 25%  entre los mayores de 65 años) y un 8% de las muertes (2% de los menores de 50 años, 8% en los de 50 a 65 años y 14% entre los mayores de 65 años). Cifras que son también muy superiores a los posibles riesgos asociados a las vacunas.

Por otro lado, en el metanálisis "Chronic Diseases as a Predictor for Severity and Mortality of COVID-19: A Systematic Review With Cumulative Meta-Analysis" (2021) de concluyó que las enfermedades crónicas y patologías previas se asociaron a más gravedad y mortalidad de Covid-19, pero también se detectó un porcentaje significativo de casos graves y muertes entre personas sin dichas patologías.

En otro estudio, "Underlying Medical Conditions and Severe Illness Among 540,667 Adults Hospitalized With COVID-19, March 2020–March 2021", publicado en julio de 2021 por el CDC, se analizaron los datos de más de medio millón de personas de EEUU con Covid-19, con síntomas graves y hospitalizadas, considerando una larga y exhaustiva lista de posibles patologías previas (incluyendo muchas no consideradas en otros estudios, como el colesterol elevado o la ansiedad). En el documento se incluye una tabla de la que podemos deducir las cifras y porcentajes para las personas sanas y sin ninguna de estas patologías identificadas (marcadas en rojo):


No presentaban ninguna patología previa 27.375 personas hospitalizadas, que suponía un 5,1% del total de hospitalizadas (es decir, una de cada veinte). Además, 7.150 ingresaron en UCI (2,9%), 1.166 fueron intubadas (1,5%) y 740 fallecieron (0,9%). Aunque no se dan cifras concretas, en el texto los autores señalan que en los tramos de edad más bajos el porcentaje de personas graves y sin patologías previas era mayor que en los tramos de edades más avanzadas.

Siguiendo con los tramos de edad más bajos, en el estudio "Clinical Outcomes in Young US Adults Hospitalized With COVID-19" (2020) se analizaron los datos de más de 3200 jóvenes de 18 a 34 años que habían pasado la Covid-19 y que habían tenido que ser hospitalizados. La investigación incluyó el análisis de la relación entre la gravedad de la enfermedad y la existencia de ciertas patologías o condiciones de salud previos, presentando el siguiente gráfico:


De esta figura puede deducirse que más de la mitad de los hospitalizados no presentaban las tres patologías previas identificadas, así que el hecho de estar relativamente sanos parece que no eliminó el riesgo de hospitalización por Covid-19 en este rango de edad. De cualquier forma, el riesgo de gravedad entre las personas sanas (barras de la izquierda) era menor que el de las personas con patologías previas (barras del centro y de la derecha). Pero no inexistente, ya que en el grupo de jóvenes hospitalizados y sin patologías previas, uno de cada 15 tuvo que ser tratado con ventilación mecánica y uno de cada 40 falleció.


Niños y patologías previas

¿Y qué ocurre cuando sumamos ambas condiciones, la juventud y estar sano? ¿Pueden ocurrir casos de covid grave entre niños sin patologías previas?

En el estudio "Deaths in Children and Adolescents Associated With COVID-19 and MIS-C in the United States" (2021), en el que se analizaron más de un centenar de muertes de menores de edad por Covid, el 14% no presentaban patologías previas. Además, entre las patologías previas más frecuentes estaban algunas muy habituales y "normales" entre menores, como la obesidad y el asma.



En otra investigación realizada por el CDC "Effectiveness of Pfizer-BioNTech mRNA Vaccination Against COVID-19 Hospitalization Among Persons Aged 12–18 Years — United States, June–September 2021", se analizó la efectividad de la vacuna en adolescentes y jóvenes de 12 a 18 años (concluyendo que todos los casos de ingreso en UCI, covid muy grave o fallecimiento se produjo entre los que no estaban vacunados). Y se encontró que el 28% de los hospitalizados por covid no sufría ninguna patología previa. En otro informe del CDC "SARS-CoV-2–Associated Deaths Among Persons Aged <21 Years — United States, February 12–July 31 (2020) se estudio la muerte por covid de 121 jóvenes de menos de 21 años y una en una cuarta parte de ellos no tenía patologías previas.

Otros trabajos, aunque con menos detalle, también indican que el riesgo de efectos graves en niños sanos es menor, pero no desaparece:

Estar sano y ser joven protege, pero no totalmente

Todavía la evidencia no es muy abundante y sin duda durante los próximos meses iremos conociendo mejor la influencia de cada variable en la gravedad de Covid-19. Viendo los datos disponibles actualmente, está claro que la juventud y el estar sano son factores de protección, pero esta protección no es total, ni mucho menos. Aunque con menor riesgo, parece que hay un porcentaje de personas jóvenes y sanas que también enferman de gravedad e incluso fallecen. Y este riesgo es bastante mayor que el riesgo de los posibles efectos secundarios de las vacunas que se están aplicando en estos grupo de edad.

Es posible que haya quien piense que la clave está en definir correctamente "qué es estar sano" y que tal vez estos estudios previos no hayan incluido todos los factores que definirían una "persona saludable". Puede ser, pero hay que tener cuidado con este tipo de planteamientos - que también suelen hacerse con otras enfermedades - porque puestos a hilar demasiado fino se puede caer en el error de intentar considerar variables de dudosa causalidad, hasta casi el infinito. La perfección en salud es algo que realmente no existe y la culpabilización sin evidencia de personas enfermas es contraproducente. Además, los casos documentados en estudios sobre atletas y deportistas parecen indicar que las personas muy sanas también pueden enfermar de gravedad.

De cualquier forma conviene dejar claro que este post ha tratado sobre los efectos individuales, pero a la hora de evaluar una estrategia de vacunación masiva no solo hay que tener en cuenta la perspectiva individual, también hay que considerar otras posibles ventajas a nivel global y comunitaria en la lucha contra la pandemia. Las vacunas ayudan a frenar la transmisión (las personas vacunadas transmiten le enfermedad en mucha menor medida, estudio, estudio, estudio, estudio, estudio, estudio), a reducir la probabilidad de mutaciones del virus, a proteger a personas que por razones médicas no puedan vacunarse y a prevenir los posibles efectos a largo plazo entre los afectados ("long covid").

8.6.21

Probando otra mascarilla transparente (y van 3): Vittorio, con HEIQ Viroblock

Seguimos probando mascarillas transparentes, ya que siguen estando a la venta tras la puesta en vigor de la nueva normativa para mascarillas higiénicas reutilizables. 

Tras el fiasco de la mascarilla Biovest Expression, retirada finalmente por consumo, y tras las mediocres características y resultados de su heredera, la Emotion, he encontrado una tercera similar a la venta, en este caso en un estanco. Me ha costado 10 euros.



1.6.21

Las cuatro leyes fundamentales de la política


Supongo que la mayoría conoce las famosas tres leyes de la robótica del gran Isaac Asimov:

  1. Un robot no hará daño a un ser humano ni, por inacción, permitirá que un ser humano sufra daño.
  2. Un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, a excepción de aquellas que entren en conflicto con la primera ley.
  3. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o con la segunda ley

En las novelas de Asimov estas tres leyes formaban parte de la programación básica de los robots, de forma que no pudieran "liarla parda", sobre todo en circunstancias complejas. 

Su aplicación dio lugar a interesantes situaciones en dichas novelas, y también ha generado entretenidos debates sobre la necesidad de su actualización y ampliación. Pero lo cierto es que, como todo lo que hacia Asimov, estaban bien pensadas. Con sólo tres instrucciones se conseguían decisiones acertadas en la mayoría de las circunstancias.

El otro día, recordando todo esto, se me ocurrió la siguiente pregunta: 

¿Cómo podrían ser unas reglas  similares, pero para los políticos? Que puedan servir como principios básicos y como guía a la hora de tomar decisiones mientras se ejerce esta profesión. Pocas pero potentes, dándoles también cierto orden de prioridad. Y que también sean útiles para evaluar a los políticos, viendo si sus comportamientos se ajustan a estas reglas.

Pues bien, se me han ocurrido estas cuatro:

Un político...

  1. Cumple escrupulosamente las leyes.
  2. Trabaja por maximizar la calidad de vida de todos los ciudadanos de su país.
  3. Favorece la convivencia y la concordia, tanto internamente como con otros países.
  4. Gestiona los recursos de forma sostenible y sin comprometerlos para el futuro.

La idea sería intentar cumplirlas todas y si no queda más remedio que priorizar, hacerlo según su posición en la lista. Sé que puede ser controvertido y generar situaciones complicadas, pero ahí está "la gracia" de la reflexión.

¿Las cumplen nuestros políticos favoritos?

Son bienvenidas opiniones y sugerencias en los comentarios...

18.5.21

Nueva mascarilla transparente Emotion, ¿esta es la buena?

Hace unos meses escribí este artículo explicando la problemática de la eficacia de las mascarillas reutilizables, en el que ilustraba la situación con un producto concreto, una mascarilla-rejilla transparente muy popular. En mi artículo analizaba sus características y, viendo los resultados, ponía en duda su capacidad de filtración y lo que decían sus certificados. 

Meses después consumo ordenó su retirada tras comprobar que su eficacia de filtración era tan solo del 15%, muy por debajo del 90% que lo que se afirmaba en sus especificaciones.

Hoy me he enterado de que la misma empresa ha puesto en el mercado una nueva mascarilla transparente, denominada "Emotion".  Y me he decidido a comprar una, ya que un producto de este tipo si es reutilizable, trasparente y de elevada respirabilidad es muy tentador. Siempre y cuando también proteja, claro.

Aquí está, me ha costado 12,95 euros y la he comprado en una tienda de accesorios informáticos:




10.4.21

AstraZeneca y trombos: ¿Merece la pena esperar a otra vacuna?

La avalancha de titulares y noticias los riesgos asociados a la vacuna de AstraZeneca y los continuos cambios de criterio está sembrando gran cantidad de dudas entre la población. Muchas personas ya no saben qué pensar y les resulta difícil tomar una decisión respecto a si vacunarse o no con esta vacuna.

El mensaje prioritario sigue siendo que los potenciales beneficios superan los riesgos pero ¿hasta qué punto es así? ¿No sería mejor esperar a que haya otra vacuna disponible (Pfizer, Moderna u otras) y con menos efectos adversos identificados?

Voy a intentar hacer unos cálculos aproximados y orientativos, que nos ayuden a tener más clara la situación, a conocer la magnitud de las cifras de riesgo y que nos puedan ser útiles a la hora de tomar decisiones. Para ello me voy a basar en los resultados de la investigación sobre los efectos adversos de AstraZeneca que se ha hecho en el Reino Unido (fuente) y en un artículo sobre el tema de Kiko Llaneras en El País incorporando datos oficiales de España  (fuente).

20.3.21

¿Por qué nos gustan tanto las conspiraciones e ir "a la contra"? La perspectiva de la motivación

La pandemia de Covid-19 ha tenido muchos efectos colaterales y uno de ellos ha sido la multiplicación de opiniones contrarias a las oficiales y el impulso de teorías de la conspiración en torno a casi cualquier tema relacionado con la misma. Desde las decisiones de confinamiento hasta el desarrollo de las vacunas, pasando por los test PCR o incluso las recomendaciones sobre mascarillas.

Todas estos posicionamientos y teorías y la desinformación que las acompañan están dificultando la gestión de la pandemia y generando un ambiente bastante enrarecido, como se explica en la investigación "Conspiracy theories as barriers to controlling the spread of COVID-19 in the U.S." (2020).  Lo cual sugiere que los profesionales de la psicología y la sociología van a tener que ponerse las pilas para identificar lo mejor posible las razones y mecanismos que hay detrás de todo este movimiento. 

En todo caso es importante que las investigaciones se hagan desde todas las perspectivas que pueden aportar valor y hay una que considero especialmente interesante, la de la motivación (la protagonista de uno de mis últimos libros, "El poder y la ciencia de la motivación"). En este post quisiera hacer algunas reflexiones personales en este sentido, como pequeña y personal aportación a todo este tema.

11.1.21

Mascarillas, revisión de la evidencia

Sin duda uno de los protagonistas de esta pandemia está siendo la mascarilla, sobre todo en occidente, donde no estamos acostumbrados a utilizarla fuera del ámbito sanitario o laboral. Como era de esperar, los debates sobre sus ventajas y desventajas se han multiplicado, hasta convertirse en otro factor más de polarización (por si teníamos pocos). Y la comercialización de algunas de ellas está dando lugar a problemas y situaciones en las que los que los consumidores estamos realmente desprotegidos, como expliqué en este post anterior.

Lo cierto es que el uso de mascarillas es una intervención sobre la que se ha dicho de todo durante la evolución de la pandemia, así que creo que es interesante conocer la última evidencia existente. En ese sentido, hace tan solo unos días se publicó en la revista Annals of Internal Medicine una revisión sobre el tema, titulada "Masks and Face Coverings for the Lay Public - A Narrative Update" (2020), que me ha parecido bastante clara y completa. 

Así que la he traducido prácticamente completa y aquí está el resultado:

29.12.20

Un pequeño regalo: Analog Atmospheres

Llevo más de 15 años escribiendo y divulgando por internet. Más de una década en esta plataforma de Google y anteriormente a través de una modesta web personal. Y tengo que confesar que hay momentos en los que la motivación cae y las prioridades cambian, sobre todo cuando te cruzas con gente con oscuras intenciones o que quiere hacerte daño.

Sin embargo, el feedback positivo y los comentarios alentadores de los lectores me han impulsado a seguir. Sencillos mensajes en los que simplemente me habéis dado las gracias por la información o me habéis comentado que os ha sido útil o interesante.

Tras el complicado año que hemos vivido y recordando los momentos "de bajón" que hemos tenido - y que posiblemente volverán, porque así es la vida - me gustaría haceros un pequeño y simbólico regalo a todos los lectores y seguidores del blog y de las redes sociales: Analog Atmospheres.




Este es el título del álbum con 11 temas de música electrónica, compuestos e interpretados por un servidor, seleccionados entre el material que he ido grabando desde que me dio por comprarme un sintetizador con mis primeros ingresos, a finales de los 80, hasta la actualidad. Con claras influencias de Jean Michel Jarre, Kraftwerk y compañía, que eran los referentes cuando comencé.

Está disponible en este enlace en forma de archivo zip de libre acceso. Basta con descargarlo y descomprimirlo para acceder a los archivos mp3.

No soy músico, tan solo un aficionado esporádico, así que soy consciente de mis limitaciones, tanto desde la perspectiva artística como tecnológica. Pero me divierto trasteando con sintetizadores y cajas de ritmo. Tal vez el resultado de todas esas horas pueda pareceros agradable y, de paso, servir como símbolo para mostrar mi agradecimiento.

Lo dicho, muchas gracias por seguir ahí.

2.12.20

Mascarillas transparentes reutilizables y normativa, tenemos un problema


Llevamos varios meses con la obligación de llevar mascarillas cuando salimos de nuestra casa. Un elemento de protección que se utiliza hace décadas en el contexto sanitario y laboral y para el que existe normativa específica que permite clasificarlo en función de su nivel de protección (el ahora famoso FFP2 y FFP3) y "homologar" los productos mediante diversos mecanismos y procesos de certificación y control. 

Pero a la hora de extender el uso de mascarillas a la población en general debido a la pandemia se publicaron unas nuevas especificaciones, las UNE 0064 y 0065, para detallar las características que deberían tener las llamadas "mascarillas higiénicas" (desechables y reutilizables, respectivamente), término que se utiliza para referirse al tipo de mascarillas más básicas y de uso general. 

El contenido de estas dos especificaciones podría resumirse diciendo que las mascarillas higiénicas deben cumplir unos requisitos de diseño, así como asegurar dos aspectos funcionales muy importantes: la capacidad de retención de partículas y la respirabilidad. La primera se establece mediante el ensayo de la "eficiencia de filtración bacteriana" (BFE),  que analiza la filtración de partículas capaces de transportar virus y bacterias. Y la segunda, la respirabilidad, con otro ensayo que calcula la pérdida de presión al hacer pasar aire a través del tejido. Ambos ensayos se describen en otra norma, la UNE-EN:14683: 2019 + AC:2019.

Estos serían los valores exigidos en UNE 0064 y 0065 para cada una de estas características, para mascarillas desechables y para reutilizables:




Es importante entender que estos valores pretenden establecer el equilibrio adecuado entre filtración y respirabilidad, dos características que suelen ser contrarias, ya que normalmente a mayor capacidad de filtración, menor respirabilidad, y viceversa. Una buena mascarilla debe ser capaz bloquear y retener gran cantidad de partículas, pero también deberá permitir dejar pasar la cantidad adecuada de aire, ya que en caso de que no lo haga el aire (y las partículas) tenderán a salirse por los bordes. 

En el caso de las mascarillas desechables, un análisis realizado por la OCU hace unos meses concluyó que la mayoría de las que se venden en los supermercados cumplían los requisitos de la UNE 0064. Una buena noticia. 

Pero no todo el mundo puede soportar el gasto que suponen las mascarillas desechables, así que en la medida en la que se mantiene la obligatoriedad de su uso, la oferta de mascarillas reutilizables ha crecido exponencialmente. Podemos encontrarlas en prácticamente cualquier comercio, fabricadas con todo tipo de materiales. Y, cada vez con más frecuencia, acompañadas de carteles o etiquetas indicando que se ajustan a la UNE 0065, algo que deberían cumplir todas, de acuerdo a la normativa oficial.

¿Podemos confiar en este tipo de mascarillas reutilizables? ¿Son fiables las que se venden? ¿Y cumplen las especificaciones?