17.8.21

El negocio y la industria de los antivacunas

Esta pandemia se ha convertido en un macabro festín para los antivacunas. Muchos estamos observando impotentes cómo difunden bulos y mentiras día tras día, sin descanso, lo que les está permitiendo captar nuevos seguidores por todo el mundo.

Como cuenta la periodista experta en movimientos antivacunas Tara Haelle en este artículo del New York Times,  desde hace años hay grupos muy organizados y que han convertido esta actividad en su trabajo y negocio. Son empresas con numeroso personal, que actúan de forma sistemática y planificada, utilizando eficazmente la tecnología para crear y difundir masivamente todo tipo de desinformación sobre las vacunas. Tienen equipos de personas buscando estudios dudosos y fraudulentos, sacando de contexto resultados e interpretándolos de forma interesada. Inventando historias , testimonios y bulos. Y diseminado todo ello con innumerables posts, artículos, videos y comunicados, a diario y en todo tipo de redes sociales, foros y grupos.  Generando dudas y desconfianza entre la población, lo que les permite captar seguidores. Y ganar dinero, claro. No solo por los ingresos generados a partir de su intensa actividad en internet, también a través de la creación de entidades de fines dudosos para las que buscan subvenciones y financiación, montando  negocios de pseudoterapias y tratamientos alternativos que se promocionan criticando la medicina real y las vacunas o promoviendo litigios contra las farmacéuticas utilizando abogados especializados.

Se pueden conocer los detalles de toda esta actividad y su modus-operandi en los informes publicados por el Center for Countering Digital Hate (CCDH). En el primero, "Pandemic profiteers: The business of anti-vaxx" se explica su estructura, cabecillas y mecanismos de financiación. En el segundo, "The Disinformation Dozen: Why platforms must act on twelve leading online anti-vaxxers" se hace hincapié en los protagonistas de toda esta industria, una docena de personas concretas, y se sugieren acciones para su neutralización vía internet y redes sociales.


Para hacerse una idea de lo que podemos encontrar en estos informes, recientemente se ha publicado en la revista Nature Medicine el artículo "Dismantling the anti-vaxx industry" (2021), escrito por el CEO del CCDH, que resume las ideas principales y que traduzco a continuación: 

"El término "antivacunas" puede evocar imágenes de un teórico de la conspiración en un sótano mugriento o una figura desaliñada despotricando contra "microchips" y "complots globales". En realidad, los protagonistas clave de la "industria antivacunas" son un grupo coherente de propagandistas profesionales. Se trata de personas que dirigen organizaciones multimillonarias, constituidas principalmente en los EE. UU., Con hasta 60 empleados cada una. Desarrollan manuales de capacitación para activistas, adaptan sus mensajes para diferentes audiencias y organizan reuniones similares a conferencias comerciales anuales, como cualquier otra industria.

En octubre de 2020, investigadores del CCDH asistieron y grabaron una reunión privada de tres días de los antivacunas más destacados del mundo. Nuestro equipo obtuvo información sin precedentes sobre la oposición organizada al lanzamiento de la vacuna contra COVID-19. A pesar de la banalidad y la vacuidad de las presentaciones de los antivacunas, hubo un escalofriante nivel de organización e intencionalidad.

Lo que también quedó claro fue la sofisticación de los medios que emplean en las redes sociales. Han podido desarrollar estas tácticas porque las empresas de redes sociales han recibido con los brazos abiertos a los actores clave en esta industria antivacunas, para que usen sus servicios para reclutar nuevos seguidores y difundir más que nunca sus mentiras. Como resultado, existe una infraestructura en internet de webs antivacunas, grupos de Facebook, canales de YouTube, páginas de Instagram y cuentas de Twitter con una audiencia total de 59 millones. Solo en el Reino Unido, hay 5,35 millones de seguidores de antivacunas en las redes sociales.

Los antivacunas se capacitan entre ellos para identificar posibles objetivos en internet. Discuten sus tácticas para profundizar en los temores de la gente, sembrando dudas sobre si deberían vacunarse, profundizando en el rechazo a las vacunas y convirtiendo a "los elegidos" en antivacunas de pleno derecho y encargados de propagar aún más las mentiras. Los antivacunas se distribuyen a través de las redes sociales, encontrando nuevas y variadas formas de inyectar información errónea en las noticias de los usuarios. En ese sentido, están mucho mejor equipados para llegar a las personas que el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido y la Organización Mundial de la Salud, que dependen de comunicaciones digitales centralizadas a través de cuentas con poca participación y poca "personalidad" o "autenticidad".

Todo esto ya ocurría antes de la pandemia. Los antivacunas ven la COVID-19 como su oportunidad para crear rápidamente dudas generalizadas sobre su vacuna y, de hecho, sobre todas las vacunas. Hay varios factores que juegan a su favor. Las redes sociales han revitalizado varias formas de extremismo y extremistas de diferentes tendencias reconocen su potencial para impulsar el cambio social. La desinformación, que los medios tradicionales filtran a través de sus reglas editoriales, ahora está accesible y sin filtros para la mayor parte de la población mundial. Recuerde que el Reino Unido perdió su estado "libre de sarampión" en 2019, mucho antes del COVID-19, debido a la disminución de las tasas de inmunización, y también surgieron brotes de sarampión en zonas de EE.UU.

Hay medidas que todos podemos tomar para contrarrestar esta industria de la desinformación, que amenaza nuestra salud, la de nuestros seres queridos y nuestra sociedad.

Cuando vemos información errónea sobre antivacunas en las redes sociales, debemos resistirnos a caer en la trampa de involucrarnos, por muy tentador que sea señalar fallos y falsedades obvias. Involucrarse con información errónea en internet la propaga aún más: si nos rascamos la picazón, propagamos la enfermedad. En cambio, es mucho más útil y eficaz compartir buena información sobre las vacunas de fuentes fiables. Y cuando cada uno de nosotros se vacune, deberíamos decírselo a nuestros amigos y seguidores. Las fotos y los clips publicados en las redes sociales de los primeros receptores de las vacunas nos animan a todos y muestran que no hay nada que temer.

Para las organizaciones de salud pública involucradas en el desarrollo y despliegue de la vacuna, es vital que estudien el plan de los antivacunas para evitar que tenga éxito. Cada mensaje antivacunas puede resumirse en una narrativa de tres partes: 

  1. El COVID-19 no es peligroso.
  2. Las vacunas son peligrosas.
  3. No se puede confiar en los médicos ni en los científicos. 

En lugar de intentar refutar todas las absurdas teorías de la conspiración, los profesionales deberían "vacunar" contra esas tres afirmaciones principales. Y deben hacerlo en todos los rincones de internet, con toda la gente que conozcan. Por ejemplo, los médicos y científicos deben unirse al grupo de Facebook de su comunidad local y ofrecerse a responder cualquier pregunta que tengan sus vecinos sobre la vacuna contra COVID-19.

La solución más simple para esto es que las empresas de redes sociales eliminen las fuentes superdifusoras de desinformación antivacunas: los propagandistas profesionales que se ganan la vida con la industria antivacunas y sus plataformas, como se detalla en nuestro informe. No existe una justificación moral para sacar provecho de las mentiras dañinas, y no existe una barrera legal para que las empresas de redes sociales las eliminen por incumplimiento de sus condiciones de servicio. De hecho, en los EE. UU., Las decisiones de moderación están explícitamente protegidas por la ley. El problema nunca ha sido la capacidad, ha sido la voluntad de actuar. Las empresas de tecnología no han actuado porque su modelo de negocio se basa en mantener a los usuarios en sus plataformas desplazándose por el contenido, intercalado con publicidad, independientemente del impacto de ese contenido en la sociedad. Su falta de acción debería ser castigada con una estricta regulación gubernamental.

Todos hemos estado poniendo nuestro granito de arena en 2020 y 2021 para contener la pandemia de COVID-19. Piense en los amigos y familiares que no ha visto. Piense en los médicos que arriesgan sus propias vidas y pierden pacientes a causa de este cruel virus. Piense en los esfuerzos hercúleos realizados por los científicos para desarrollar una vacuna en un tiempo récord. Sin embargo, la industria antivacunas y las empresas de tecnología, por sus propias razones solipsistas, amenazan con descarrilar todo ese progreso. Depende de todos nosotros evitar que lo hagan."

Como complemento a estos textos también se puede leer el reciente artículo sobre Joseph Mercola, uno de los doce líderes propagadores de información antivacunas citados en los informes del CCDH, publicado en el New York Times, "The Most Influential Spreader of Coronavirus Misinformation Online". Nos permitirá conocer un poco mejor el perfil de este tipo de gente, en este caso un multimillonario gurú de las pseudoterapìas.

4 comentarios:

Unknown dijo...

La duda que siempre he tenido es como son capaces de hacer negocio siendo antivacunas. ¿Simplemente gracias al tráfico de gente, visitas, etc, en sus redes sociales o tienen algún método más?

Centinel dijo...

Se explica en los informes del CCDH enlazados en wl artículo: Crean entidades para las que buscan subvenciones, tienen abogados especializados en litigios antivacunas, montan negocios de pseudoterapias y tratamientos alternativos (que promocionan criticando la medicina real y las vacunas), etc.

Una más, pero diferente. dijo...

Increíble, pero cierto. Y al final nos hacen hasta dudar a los que estamos convencidos.
Muchas gracias por compartir esta valiosa información.

Juan Carlos dijo...

Yo veo más negocio e intereses detrás de los pro-vacunas que detrás de los anti-vacunas.
Médicos con gran influencia en gobiernos autonómicos y sus "comités de expertos", han recibido financiación para sus investigaciones de farmacéuticas como (por ejemplo el doctor Federico Martinón, jefe de pediatría del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela, que ahora aboga por la vacunación infantil, pero no dice nada de los más de 100 000 euros percibidos por parte de Pfizer en los últimos años)
Eso para mí es un clarísimo conflicto de intereses.
Como ese ejemplo, los hay a puñados.
Si miramos en las páginas de transparencia de las farmacéuticas, al alcance de todos, vemos ahí todos los médicos que reciben jugosas ayudas....y que no morderán la mano que les da de comer.
Saludos.