2.11.12

El "estilo Carl Sagan" y el respeto

Yo fui uno de los miles de niños que se apasionó por la física y la astronomía gracias a la serie Cosmos. Aunque bastantes conceptos de los que se hablaba en aquellos documentales me resultaban algo confusos y me costaba comprenderlos en su totalidad, intenté ver un capítulo tras otro. Eran tiempos en los que solo había una televisión para toda la familia y el mando a distancia no existía, así que no era misión fácil.

Mi bisoñez tampoco me empujó a profundizar entonces en la figura del presentador, Carl Sagan. Es más, era de lo que menos me gustaba, con aquella sonrisa eterna pegada a su rostro, que incluso me parecía que rozaba el gesto bobalicón. De hecho, debido a mi afición a escuchar la radio y a la música electrónica, me atrajeron mucho más la original voz que le ponía el actor de doblaje Jose María del Río en español o la espectacular música de Vangelis que lucía su banda sonora.


Al pasar los años, he ido conociendo mejor la obra de aquel astrónomo enamorado de la divulgación. Todos sus libros han ido pasando por mis manos y cada uno de ellos me ha servido para interpretar mejor aquella sonrisa, porque Carl Sagan transmite su personalidad en cada uno de ellos. Y, evidentemente, la percepción que tenía sobre él ha ido cambiando radicalmente. He llegado a fascinarme por varias de sus cualidades, pero hay una que me parece especialmente admirable: Su respeto a la hora de tratar cualquier tema.

En un mundo en el que lo que vende y atrae el interés son los titulares espectaculares, el morbo, los enfrentamientos, los hoygan y trolls, las peleas, los insultos y los gritos, alguien como Carl Sagan parece venido de uno de esos lejanos planetas que tanto le fascinaba describir. Su espíritu escéptico y su mentalidad científica eran claros y rigurosos, pero nunca dejaba de mostrar un enorme respeto y elegancia al abordar temas e ideas con los que no estaba de acuerdo. Su sonrisa no era bobalicona, era de sincera empatía. Mostraba su positiva predisposición a escuchar y a ponerse en el lugar de los demás, aunque después su respuesta fuese en una dirección totalmente opuesta. La popular frase "suave con las personas, duro con el asunto" describía perfectamente su actitud.

Un buen ejemplo de todo esto puede apreciarse en su libro El mundo y sus demonios, en el que destapa su  rostro más escéptico y arremete contra los estafadores y las pseudociencias. Sin embargo, a pesar de no dejar títere con cabeza, es fiel a su estilo y en ningún momento eleva el tono de su discurso. El siguiente extracto, en el que introduce el capítulo dedicado a desmontar a mediums y videntes, refleja esa preocupación por entender la naturaleza humana, por ponerse en la situación de quien necesita creer en el más allá, por respetar la circunstancias que empujan a las personas a hacer lo que hacen:

"Mis padres murieron hace años. Yo estaba muy unido a ellos. Todavía los echo terriblemente de menos. Sé que siempre será así. Anhelo creer que su esencia, sus personalidades, lo que tanto amé de ellos, existe —real y verdaderamente— en alguna otra parte. No pediría mucho, sólo cinco o diez minutos al año, por ejemplo, para hablarles de sus nietos, para ponerlos al día de las últimas novedades, para recordarles que los quiero. Hay una parte de mí —por muy infantil que suene— que se pregunta dónde estarán. «¿Os va todo bien?», me gustaría preguntarles. La última palabra que se me ocurrió decirle a mi padre en el momento de su muerte fue: «Cuídate.»

A veces sueño que hablo con mis padres y, de pronto, inmerso todavía, en el funcionamiento del sueño, se apodera de mí la abrumadora constatación de que en realidad no murieron, que todo ha sido una especie de error horrible. En fin, están aquí, sanos y salvos, mi padre contando chistes malos, mi madre aconsejándome con total seriedad que me ponga una bufanda porque hace mucho frío. Cuando me despierto emprendo un breve proceso de lamentación. Sencillamente, algo dentro de mí se afana por creer en la vida después de la muerte. Y no tiene el más mínimo interés en saber si hay alguna prueba contundente de que exista.

Así pues, no me río de la mujer que visita la tumba de su marido y habla con él de vez en cuando, quizá en el aniversario de su muerte. No es difícil de entender. Y, si tengo dificultades con el estado ontológico de la persona con quien habla, no importa. No se trata de eso. Se trata de que los humanos se comportan como humanos. Más de un tercio de los adultos de Estados Unidos cree que ha establecido contacto a algún nivel con los muertos. Los números parecen haber aumentado un quince por ciento entre 1977 y 1988. Un cuarto de los americanos creen en la reencarnación.

Pero eso no significa que esté dispuesto a aceptar las pretensiones de un «médium» que declara comunicarse con los espíritus de los seres queridos difuntos, cuando soy consciente de que en esta práctica abunda el fraude. Sé hasta qué punto deseo creer que mis padres sólo han abandonado la envoltura de sus cuerpos, como los insectos o serpientes que mudan, y han ido a otro sitio. Entiendo que esos sentimientos pueden hacerme presa fácil de un timo poco elaborado; como también a personas normales poco familiarizadas con su inconsciente o aquellas que sufren un trastorno psiquiátrico disociativo. De mala gana recurro a mis reservas de escepticismo."

El efecto de este comportamiento era espectacular. Como han demostrados los psicólogos una y otra vez, es mucho más fácil convencer a alguien cuando los argumentos se exponen con respeto, y Carl Sagan era un maestro de la persuasión desde la cortesía. Era prácticamente imposible no dejarse seducir ante sus cálidos modales unidos a su irrebatibles argumentos, que sonaban aplastantemente obvios tal y cómo él los exponía.

Estoy convencido de que el mundo sería mucho mejor si tuviéramos muchos Carl Sagan, pero como eso es imposible porque Sagan es irrepetible, también mejoraría si intentáramos contagiarnos de su estilo. Suave con las personas, duro con el problema. Sé que es difícil, porque todo lo que nos rodea parece dirigirse precisamente en la dirección opuesta, quizás incluso sea contrario a la naturaleza humana. Pero yo estoy dispuesto a intentarlo. ¿Y tú?

22 comentarios:

Anónimo dijo...

Leí el mundo y sus demonios hace unos meses casualmente, es de esos libros que se leen con voracidad, pero que al tiempo se desea que no terminen. Luego de leerlo me quedo rondando la pregunta de que divulgadores científicos producirán el mismo efecto en estos tiempos. Por ahora estoy leyendo a Richard Dawkins que divierte pero carece de ese "respeto" característico de Sagan.

Patricia dijo...

El problemas viene cuando, digas lo que digas, el de delante se lo toma como una falta de respeto... o de cuando, digas lo que digas, al de delante le da igual.
Por mucho que digas "respeto mucho tus creencias, pero no las comparto", un fundamentalista se lo tomará mal. O un convencido.
Y por mucho que hables con respeto o sin el al que tima, le va a dar igual, porque sabe lo que hace.
Y no digamos ya lo que cuesta mantener el respeto cuando te lo están faltando.

Anónimo dijo...

Hace falta mucho valor para seguir ese camino. Te deseo suerte porque es el más difícil, aunque no lo parezca a simple vista :)

Natalia dijo...

Casualmente hace unos días pensaba en el libro "Cosmos", que leí y releí en mis primeros años de instituto.
Yo tampoco me perdía la serie de televisión (y también me encantaba la música. La recuerdo como si la estuviese escuchando ahora mismo).
Posteriormente, la han repuesto en alguna cadena de televisión, con partes actualizadas al final de cada programa, aunque entonces ya no la seguí con la misma asiduidad.
Al verla de nuevo años después, lo que me llamó la atención (parecerá una tontería, pero es así) fue la estética "ochentera" de Sagan.
También leí la novela "Contacto", en la que se basaron para hacer una película, pero no me gustó tanto.
En cuanto a Dawkins, leí hace unos años "El espejismo de Dios", animada por la publicidad que le hizo Arcadi Espada. Me gustó, pero no llegó a fascinarme como lo hicieron la serie y el libro homónimo de Carl Sagan.

Centinel dijo...

Natalia, pues si te gustó Cosmos, no dejes de leer "Un punto azul pálido", es algo así como su continuación. Yo los tengo los dos juntitos, y de vez en cuando los releo.
"El mundo y sus demonios" es un clásico imprescindible del escepticismo. Y "Miles de millones" una especie de despedida muy recomendable para su seguidores, porque lo escribió estando ya enfermo. E incluso así, seguía transmitiendo su contagioso optimismo y su admiración por el universo.

Kiri dijo...

Buen post! Cierto que necesitamos mas estilo Sagan en un mundo que a veces da la impresion de involucionar en muchas cosas. Yo misma tengo que aplicarme el cuento. Respeto, razones argumentadas y persistencia deberian llevarnos a un mundo mejor. Buen fin de semana!

Anónimo dijo...

http://fuckyeahsagan.tumblr.com/

MHR dijo...

Comparto la admiración y el respeto por Carl Sagan. Harían falta muchas personas de ese talante en este mundo nuestro repleto de farsantes e impresentables.

Roberto dijo...

@Patricia, es que las creencias no deben ser respetadas sistemáticamente. Lo que sí se debe respetar y defender es la libertad de tener dichas creencias.

Me explico: tú puedes decir a alguien que sus creencias son absurdas porque tú eres libre de creer lo que quieras. En cambio, no puedes decirle que sea estúpido por tener esas creencias porque eso implicaría atacar su libertad de creer lo que quiera.

Cualquier persona que no comprenda este patrón a la hora de debatir es o bien integrista, o bien mentiroso. Porque, ¿cuál sería el motivo de discutir conmigo si realmente respetaras mis creencias, es decir, las toleraras y aceptaras?

Multivac dijo...

Me ha resultado una entrada muy oportuna, ya que precisamente ahora estoy acabando de leer "El mundo y sus demonios", un vacío en mi biblioteca desde hace tiempo.

En estos tiempos el escepticismo es muy necesario, pero con demasiada frecuencia se ve un cierto escepticismo "socarrón", que utiliza la burla o el desprecio para ridiculizar no ya a las creencias de las personas, sino a las personas mismas. Y este no es el camino, de hecho es contraproducente, ya que contribuye a transmitir una imagen del escepticismo como un club de narcisistas engreídos que se ríe de la gente por considerarles idiotas.

No sé si la conoces, pero te paso el enlace a un discurso de Phil Plait que va en esa línea, reclama que se haga una escepticismo más amable y respetuoso, al fin y al cabo nade deja de creer en algo y se vuelve escéptico porque alguien le llame idiota o retrasado, ¿no?

Un saludo, aquí el enlace al discurso (subtitulado en español) http://www.youtube.com/watch?v=ixVNtzc5RqI

Un saludo!

Centinel dijo...

Excelente vídeo, gracias Multivac.

Anónimo dijo...

@Roberto, entiendo muy bien tu concepto, pero lamentablemente no todas las personas toman el mismo patrón para interpretar las cosas, de la forma en que planteas "tú puedes decir a alguien que sus creencias son absurdas porque tú eres libre de creer lo que quieras", aún de esta manera, la persona puede tomarselo como una ofensa al calificar como absurdo sus creencias, la "magia" de Sagan era en exponer sus ideas comprendiendo y entendiendo a su interlocutor sin juzgarlo poniéndose en su lugar, un verdadero maestro.

Patricia dijo...

Roberto.
Eso tiene dos problemas. Primero, que si le dices a alguien que sus creencias son estúpidas, es lo mismo que decir que él es estúpido por creerlo. O un ignorante.
El segundo problema es que si decimos "que cada cual crea lo que quiera", en absoluto, sin matices ni aclaraciones, estamos justificando que la gente alabe la ignorancia, que pueda tener ideas genocidas o que los estafadores campen libremente.

Antonio dijo...

Quizás el respeto de Carl Sagan hacia los demás era consecuencia de que no se veía en la necesidad de convencer a los demás de sus propias creencias. Él era ateo, ¿y qué? Los demás podían ser lo que quisieran.

Mucha gente es incapaz de ver cualquier intercambio de opiniones como otra cosa que no sea una guerra dialéctica en la que tenga que haber un ganador. Como si imponer nuestras propias convicciones a los demás fuera una manera de exteriorizar nuestra superioridad intelectual.

Lo que más me gustaba de Carl Sagan era esa forma tan anglosajona de entender la docencia que hace que muchos de sus grandes investigadores sean capaces de transmitir didácticamente sus descubrimientos. Me admira, porque eso no surge de la nada. Para hacer entretenida la ciencia, el comunicante debe haber hecho previamente un esfuerzo por lograrlo. Ese esfuerzo no se da en muchas universidades y escuelas españolas.

Si alguien está interesado en leer una aproximación al problema de la existencia de Dios usando el método científico, se puede bajar mi libro gratis pinchando en mi nombre. Quisiera decir que la forma de transmitir de Carl Sagan me inspiró, pero los resultados solo yo soy culpable.

Antonio dijo...

Quizás el respeto de Carl Sagan hacia los demás era consecuencia de que no se veía en la necesidad de convencer a los demás de sus propias creencias. Él era ateo, ¿y qué? Los demás podían ser lo que quisieran.

Mucha gente es incapaz de ver cualquier intercambio de opiniones como otra cosa que no sea una guerra dialéctica en la que tenga que haber un ganador. Como si imponer nuestras propias convicciones a los demás fuera una manera de exteriorizar nuestra superioridad intelectual.

Lo que más me gustaba de Carl Sagan era esa forma tan anglosajona de entender la docencia que hace que muchos de sus grandes investigadores sean capaces de transmitir didácticamente sus descubrimientos. Me admira, porque eso no surge de la nada. Para hacer entretenida la ciencia, el comunicante debe haber hecho previamente un esfuerzo por lograrlo. Ese esfuerzo no se da en muchas universidades y escuelas españolas.

Si alguien está interesado en leer una aproximación al problema de la existencia de Dios usando el método científico, se puede bajar mi libro gratis pinchando en mi nombre. Quisiera decir que la forma de transmitir de Carl Sagan me inspiró, pero los resultados solo yo soy culpable.

Natalia dijo...

Gracias por las recomendaciones literarias, Centinel. En cuanto pueda, me haré con ellos.
Antonio, le echaré un ojo a tu libro.

Natalia dijo...

Sabía que me estaba olvidando de algo.
Lo primero, he estado leyendo con detenimiento los comentarios de los demás lectores y me parecen interesantes.
Pero hay un detalle que no me convence: en algún momento aparece la palabra "tolerancia". Personalmente, es un término que detesto, por manido. Prefiero emplear el de "respeto".
En general, procuro ser respetuosa con las ideas ajenas, siempre y cuando no supongan menoscabo para un tercero. Mi gran caballo de batalla es el integrismo islámico. Es un tema que me interesa y preocupa seriamente, y sobre el que poco a poco voy recabando documentación.
Aquí me estoy alejando del tema, pero no quería quedarme sin mencionarlo.
Centinel, te lo ofrezco como idea para uno (o varios) artículos.
Seguro que despierta polémica. Lo único que deseo es que los comentarios (en el caso de que te animes) sean más educados que los que acabo de leer en el artículo dedicado a Andreas Moritz (no el último, sino uno anterior).
Un saludo para todos.

moda hip hop dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Anónimo dijo...

No me dejaron comentar!!!!!:@

Alejandro Sánchez Corrales dijo...

Buenas tardes. Estoy muy interesado en iniciarme el escepticismo. ¿Me podría recomendar los mejores blogs escépticos y algún libro? (ya sean en español, inglés, francés o italiano). Gracias por anticipado.

Centinel dijo...

Creo que el que menciono en el post es una magnifica opción para entender lo que es el pensamiento crítico y el escepticismo: El mundo y sus demonios, de Carl Sagan.
Un saludo.

Pireano De La Ostia dijo...

De Sagan deberían aprender varios pseudoescépticos como un tal Mauricio José Schwarz, que insulta y difama que da gusto.

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