3.6.18

La toxicidad de plaguicidas o pesticidas, en perspectiva

El miedo a los plaguicidas (o pesticidas) suele ser uno de los recursos más utilizados a la hora de vender productos "naturales", prometiendo menos cantidad de este tipo de sustancias y alertando de los posibles efectos negativos de su acumulación en el organismo. A nadie nos apetece ingerirlas, pero hoy en día siguen siendo necesarias en la agricultura y lo cierto es que no hay pruebas de peso que muestren que la cantidad habitual de residuos que podemos encontrar en los alimentos afecten negativamente a la salud. Son cantidades que se controlan de forma continua por las entidades correspondientes y que suelen estar dentro de los rangos de seguridad establecidos, por lo que no deberían preocuparnos de forma especial, como detallé y expliqué en este post y como se ha confirmado en informes posteriores como este de la EFSA.

Con los plaguicidas nos puede pasar como con otras muchas situaciones al evaluar sus riesgos, que no tenemos correctamente interiorizada su verdadera dimensión. Por ejemplo, a muchas personas les atemoriza más dar frutos secos a los niños que montarles en un coche o llevarles a la piscina, cuando los datos indican que fallecen muchos más niños en el agua y por accidentes de tráfico que atragantados, como expliqué en este post. Con frecuencia infravaloramos los riesgos de las actividades que nos son más familiares, a las que estamos más acostumbrados o que creemos que están bajo nuestro control y sobrevaloramos los riesgos asociados a otras que conocemos menos o que incluyen variables que percibimos como extrañas o inquietantes, como los elementos químicos con nombres impronunciables y con propiedades tóxicas.



Gracias a un tuit de Candela Atienza he conocido un estudio reciente que puede ayudar a corregir estas ideas. En la publicación se propone un modelo para evaluar el riesgo de los plaguicidas de los alimentos con los de otras sustancias que también tienen toxicidad pero que nos son mucho más familiares; la cafeína del café (sí, es tóxica a elevadas cantidades) y el alcohol de las bebidas alcohólicas. Se trata de "Refined assessment and perspectives on the cumulative risk resulting from the dietary exposure to pesticide residues in the Danish population" (2018), un trabajo en el que los investigadores recopilaron todos los datos disponibles respecto a los residuos de plaguicidas que pueden encontrarse en los alimentos y calcularon un indice de riesgo debido a su ingesta acumulada. Igualmente, hicieron un cálculo de riesgo respecto a valores relacionados con la toxicidad para la cafeína, el alcohol y las micotoxinas, con objeto de compararlos con los anteriores.

Como resultado final (y tras un corrigendum debido a un destacable patinazo de cálculo en la publicación inicial) representaron los resultados gráficamente:



En definitiva, que si tomamos una copa de vino o tres cafés al día, su riesgo asociado a los valores de toxicidad es aproximadamente 100 veces mayor que la de los plaguicidas que podamos estar ingiriendo mediante los alimentos. O, como explican los autores, el riesgo asociado a la toxicidad del alcohol del vino o la cafeína del café durante un día equivale a la ingesta de plaguicidas durante tres meses. Y que nadie se agobie, que este no es un estudio que pretenda mostrar los peligros del café o el alcohol, sino de lo poco peligrosos que son los niveles habituales de plaguicidas en los alimentos.

Aunque todo este planteamiento no sea más que un modelo teórico cuya validez clínica deberá confirmarse en posteriores trabajos, creo que ilustra bastante bien respecto a las magnitudes de estos factores. Y puestos a priorizar, lo lógico sería  empezar por lo mas gordo.

En paralelo y como consecuencia de este desconocimiento, tenemos que lidiar con artículos alarmistas y poco rigurosos, como el recientemente publicado en El Español, lanzando mensajes desafortunados sobre mejores y peores frutas y hortalizas, en base a su posible contenido de plaguicidas, radiaciones y supuesta modificación genética. Lamentablemente, considerando lo que se publica en los grandes medios y que lo que realmente vende son los titulares y el alarmismos (como explico con detalle y con ejemplos en La guerra contra el sobrepeso), no confío demasiado en que este tipo de situaciones vayan a resolverse a corto plazo.

1 comentario:

Unknown dijo...

Centinel, hace mucho te sigo y he aprendido mucho de tus posts y de cómo comparás trabajos científicos y datos. Pero esta información que presentas en tu post lamentablemente ví como la usaron tendenciosamente en mi país, donde hay una gran discusión sobre la toxicidad del glifosato entre los defensores de los agronegocios y médicos de pueblos fumigados y otros investigadores que han hallado gran relación entre las fumigaciones y el cáncer y las concentraciones elevadas de glifosato en suelo, agua de lluvia. Si te fijas en el Facebook de Cultivar Argentina verás como este post se utilizó para supuestamente derribar mitos, y sin embargo se por conocimiento de causa a través de mi trabajo cómo en nuestro país se utiliza sin ningún tipo de restricción el herbicida y sobre la residualidad que tiene en agua y en suelo, estando presente en algunos muestreos hasta en un 100% de las muestras analizadas. Podés ver los trabajos de Medardo Ávila Vázquez y el documental de Pino Solanas "Viaje a los pueblos fumigados" para ver la seriedad comparar pesticidas con productos alimenticios.