26.11.17

¿Merece la pena discutir con los defensores de las pseudociencias?



Últimamente he sido testigo de varios debates por las redes sociales respecto a si merece la pena dedicar tiempo a discutir con los defensores de las pseudociencias o a rebatir e intentar convencer  a quienes creen fervientemente en ellas.

Por un lado están quienes opinan que hay que seguir haciéndolo y que siempre será mejor que dejar el campo libre a los vendedores de milagros. Por otro, hay quien defiende que realmente no se consigue nada y que incluso podría ser hasta contraproducente. Ambas posiciones suelen utilizar argumentos bastante razonables y todo aquel que lleve muchos años defendiendo el pensamiento escéptico se habrá encontrado con todo tipo de situaciones: en las que ha conseguido hacer ver a alguien que sus creencias no tienen fundamento y también -seguramente con más frecuencia -  en las que solo ha conseguido llegar a un desagradable enfrentamiento, sin resultados visibles.

Como creo que, sin ser perfecta, la ciencia el mejor punto de partida para hacer análisis y llegar a conclusiones, he rebuscado un poco entre estudios a ver con qué me encontraba para sobre este tema. Para empezar, no he podido encontrar investigaciones relacionadas sobre pseudociencias, así, en general. Pero me he topado con unas cuantas interesantes y muy relacionadas, centradas en creencias sobre temas concretos: política, vacunas y conspiraciones. Además, hay bastante investigación sobre  el llamado "backfire effect" , un concepto que más o menos se traduciría como "efecto contraproducente", refiriéndose a conseguir el efecto contrario al deseado al intentar cambiar las creencias mostrando evidencias y datos. Y creo que puede servirnos para hacer deducciones que podrían extrapolarse a la generalidad.



Por ejemplo, en el ámbito político, los autores del estudio "The Role of Evidence in Politics: Motivated Reasoning and Persuasion among Politicians" (2017) comprobaron que los políticos mostraban claros sesgos debido a sus ideas previas, y que cuando se les mostraban evidencias y datos objetivos en contra de esas ideas, los sesgos no se reducían, al contrario, eran incluso mayores. También en la investigación "Hot Cognition or Cool Consideration? Testing the Effects of Motivated Reasoning on Political Decision Making" (2002) el hecho de aportar información negativa sobre un candidato político a sus votantes no consiguió que su intención de voto cambiara, al contrario, incluso se reforzó.  Lo mismo ocurrió en el trabajo "When Corrections Fail: The Persistence of Political Misperceptions" (2010), en el que se corrigieron afirmaciones de políticos utilizando información correcta, pero no sirvió para que sus seguidores dejaran de creer en dichas afirmaciones. Incluso en bastantes casos sirvió para reforzarlas.

En el ámbito sanitario también se ha investigado el backfire effect, sobre todo en relación a las vacunas y el rechazo que algunas personas sientes por ellas.  La investigación "Effective Messages in Vaccine Promotion: A Randomized Trial" (2014) analizó los resultados de intentar convencer a padres antivacunas de que la vacuna triple vírica no causa autismo. Y estas fueron las desesperanzadoras conclusiones de los autores:

"Refutar las afirmaciones del vínculo de la vacuna y el autismo redujo con éxito las percepciones erróneas pero, no obstante, redujo la intención de vacunar entre los padres que tenían las actitudes más negativas. Además, las imágenes de niños enfermos aumentaron la creencia en un vínculo vacuna / autismo y una narración dramática sobre un bebé en peligro aumentó la creencia en los efectos secundarios graves de la vacuna."

A similares conclusiones se llegó en el estudio sobre la vacuna de la gripe "Does correcting myths about the flu vaccine work? An experimental evaluation of the effects of corrective information" (2015); ante los argumentos que desmontaban los mitos sobre esta vacuna, los padres con las actitudes más contrarias aumentaron su rechazo hacia la vacunación . También el estudio "Misinformation lingers in memory: Failure of three pro-vaccination strategies" (2017) concluyó lo mismo respecto a tres estrategias habituales para luchar contra la idea antivacunas (centradas en presentar hechos y destacar los riesgos de no vacunarse): ninguna funcionó ante estos colectivos.  Tampoco obtuvieron resultados destacables en Countering antivaccination attitudes (2015) presentando los posibles efectos negativos ni en  Vaccine message framing and parents' intent to immunize their infants for MMR (2013) recurriendo a apelar a la responsabilidad social.

Incluso adaptando y personalizando la información aportada, los resultados han sido muy pobres o casi no significativos:
Y tampoco otras estrategias más innovadoras han dado resultado; como se explica en el estudio "A self-affirmation exercise does not improve intentions to vaccinate among parents with negative vaccine attitudes (and may decrease intentions to vaccinate" (2017) la técnica de la "autoafirmación" nologró resultados positivos.

En definitiva, en lo que respecta a los creyentes convencidos sobre estos temas, las pruebas parecen indicar que intentar persuadirles utilizando datos e información objetiva no sirve para mucho. Bastantes estudios concluyen que incluso puede lograr que se reafirmen aún más en sus ideas.

¿Y por que ocurre esto? No es una pregunta sencilla de responder, pero el analizar los resultados de los estudios anteriores y el perfil de quienes presentaban las posturas más extremas puede ayudar. Es lo que se hizo en el trabajo Understanding the perceived logic of care by vaccine-hesitant and vaccine-refusing parents: A qualitative study in Australia (2017). Sus autores comprobaron que sus ideas negativas respecto a las vacunas no era más que una pequeña columna sosteniendo su "templo de creencias". Estas personas habían adoptado una forma de vida completa en torno a "lo natural" (que consideraban más saludable) y que incluía muchas más prácticas, hábitos y creencias, ademas de su rechazo a las vacunas. Todas ellas habituales y consideradas coherentes en dicho entorno. Y seguramente todo ello había llegado formar parte de su propia identidad e incluso a permitirles sentirse parte de un grupo, unas condiciones psicológicas muy poderosas, como cuenta en este post el psiquiatra Pablo Malo. Esta "perspectiva global" y la construcción de una realidad muy compleja, en la que muchos factores están interrelacionados, también se ha confirmado en otros estudios:
Y esta es la raíz del problema. Cuando alguien discute sobre una de las piezas de un  puzzle finalizado, realmente está poniendo en duda todo el puzzle. Si esa pieza está mal, todo el puzzle está mal. Toda una forma de entender la vida, todo un esquema de razonamientos. Y eso resulta inaceptable para alguien que está viendo el puzzle perfectamente completo y finalizado. Esta situación alimenta el sesgo de confirmación  e impulsa a buscar pruebas que confirmen esa visión global, aunque sea un simple dato, aislado y anecdótico. 

En definitiva, yo diría que con un par de frases en twitter, con un artículo en un blog o con una charla, parece imposible desmontar una forma de entender el mundo, construida progresivamente y durante años, totalmente interiorizada, que es parte esencial de la identidad y del entorno de una persona. Las revisiones no encuentran soluciones claras ni investigación rigurosa suficiente para resolver esta situación :
Y si alguna vez crees que has conseguido algún éxito (o el backfire effect no ha hecho acto de presencia) posiblemente sea porque se trataba de una creencia conocida recientemente - que no había tenido tiempo de integrarse - o muy concreta y poco relacionada con aspectos identitarios importantes, como ocurrió en estos estudios: 
Con todos estos datos, está en tu mano responder a la pregunta que hacia en el título: ¿Crees que merece la pena discutir con defensores de las pseudociencias y temas similares?

6 comentarios:

Bona Caballero dijo...

Parece evidente que a los que tienen una convicción determinada, el razonamiento y la aportación de datos objetivos no sirve para nada.
Pero quizá no sean ellos a quienes haya que convencer, sino a personas que no se lo han planteado. Por ejemplo, quienes aún no tienen hijos posiblemente no piensen nada sobre vacunas, pero si lo único que oyen es a los antivacunas, cuando tengan hijos creerán que no vacunar es lo correcto.
Conviene debatir no para convencer a los fanáticos, sino para que estos no extiendan sus prejuicios.

Sisifolibre dijo...

"Porque cuando discutimos no debemos pensar en “convencer” a la otra parte, sino en dar elementos de reflexión fundados a los que escuchan en silencio."

https://culturacientifica.com/2014/05/03/el-divulgador-frente-al-relativismo-por-cesar-tome/

Mars Attacks dijo...

Me sumo al comentario anterior: los creyentes van a seguir creyendo, con bastante seguridad. Pero los que no lo tienen claro o los que no sabían del tema pueden encontrarte a ti antes que a ellos. Debatir con un creyente sirve para conocer sus lugares comunes y estar preparado para contraargumentar con solvencia, aclarando de antemano posibles malentendidos a esos espectadores externos, de alguna forma creando cierta inmunidad ante supuestos que de otra forma les podría colar si no hubiera voz crítica alguna.

En general, más importante que la labor de «francotirador» es atajar el problema denunciando la fuente de la desinformación infecta. Siempre habrá, por desgracia, gente que tenga una cita ineludible con Darwin (aunque lo peor es que las víctimas suelen ser personitas inocentes que no tienen la culpa de la falibilidad cognitiva de sus progenitores).

El Aleccionador dijo...

Muy interesante. Yo conocía algo porque me gusta mucho la psicología. Y estoy convencido de que el mismo principio también explica por qué algunos se niegan a enterrar a Franco y otros a ETA.

Maik Civeira dijo...

Está comprobadísimo: un debate, un texto, no van a convencer al creyente fanático. Pueden sembrar la semilla de la duda en el despistado casual. Ahora, lo interesante sería estudiar el efecto acumulativo a largo plazo. Ultimadamente, las difusión de las ideas tienen el poder de ir transformando la cultura paulatinamente y generar un cambio social, como ejemplifica Pinker en "The Better Angels of out Nature":

http://egosumqui.blogspot.mx/2016/01/una-entrada-de-blog-no-cambiara-al-mundo.html

Profesor Carlos Millán dijo...

Excelente, es también mi postura ante la pregunta. Cuando participo en un debate o discusión, lo hago no pensando en convencer a quien me dirijo, sino a todos los observadores que nos leen.