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12.7.21

¿Ser joven o estar sano protege de sufrir Covid-19 grave o mortal?

En la fase actual de la pandemia es relativamente fácil encontrar a gente que piensa que si eres relativamente joven y/o estás sano, los riesgos asociados a la Covid-19 son despreciables. Y que incluso no merece la pena vacunarse. 

En este post voy a comentar la evidencia que he encontrado sobre los efectos del Covid en personas jóvenes o sanas, para poder conocer hasta que punto este tipo de ideas son correctas y están basadas en datos.

8.6.21

Probando otra mascarilla transparente (y van 3): Vittorio, con HEIQ Viroblock

Seguimos probando mascarillas transparentes, ya que siguen estando a la venta tras la puesta en vigor de la nueva normativa para mascarillas higiénicas reutilizables. 

Tras el fiasco de la mascarilla Biovest Expression, retirada finalmente por consumo, y tras las mediocres características y resultados de su heredera, la Emotion, he encontrado una tercera similar a la venta, en este caso en un estanco. Me ha costado 10 euros.



18.5.21

Nueva mascarilla transparente Emotion, ¿esta es la buena?

Hace unos meses escribí este artículo explicando la problemática de la eficacia de las mascarillas reutilizables, en el que ilustraba la situación con un producto concreto, una mascarilla-rejilla transparente muy popular. En mi artículo analizaba sus características y, viendo los resultados, ponía en duda su capacidad de filtración y lo que decían sus certificados. 

Meses después consumo ordenó su retirada tras comprobar que su eficacia de filtración era tan solo del 15%, muy por debajo del 90% que lo que se afirmaba en sus especificaciones.

Hoy me he enterado de que la misma empresa ha puesto en el mercado una nueva mascarilla transparente, denominada "Emotion".  Y me he decidido a comprar una, ya que un producto de este tipo si es reutilizable, trasparente y de elevada respirabilidad es muy tentador. Siempre y cuando también proteja, claro.

10.4.21

AstraZeneca y trombos: ¿Merece la pena esperar a otra vacuna?

La avalancha de titulares y noticias los riesgos asociados a la vacuna de AstraZeneca y los continuos cambios de criterio está sembrando gran cantidad de dudas entre la población. Muchas personas ya no saben qué pensar y les resulta difícil tomar una decisión respecto a si vacunarse o no con esta vacuna.

El mensaje prioritario sigue siendo que los potenciales beneficios superan los riesgos pero ¿hasta qué punto es así? ¿No sería mejor esperar a que haya otra vacuna disponible (Pfizer, Moderna u otras) y con menos efectos adversos identificados?

Voy a intentar hacer unos cálculos aproximados y orientativos, que nos ayuden a tener más clara la situación, a conocer la magnitud de las cifras de riesgo y que nos puedan ser útiles a la hora de tomar decisiones. Para ello me voy a basar en los resultados de la investigación sobre los efectos adversos de AstraZeneca que se ha hecho en el Reino Unido (fuente) y en un artículo sobre el tema de Kiko Llaneras en El País incorporando datos oficiales de España  (fuente).

11.1.21

Mascarillas, revisión de la evidencia

Sin duda uno de los protagonistas de esta pandemia está siendo la mascarilla, sobre todo en occidente, donde no estamos acostumbrados a utilizarla fuera del ámbito sanitario o laboral. Como era de esperar, los debates sobre sus ventajas y desventajas se han multiplicado, hasta convertirse en otro factor más de polarización (por si teníamos pocos). Y la comercialización de algunas de ellas está dando lugar a problemas y situaciones en las que los que los consumidores estamos realmente desprotegidos, como expliqué en este post anterior.

Lo cierto es que el uso de mascarillas es una intervención sobre la que se ha dicho de todo durante la evolución de la pandemia, así que creo que es interesante conocer la última evidencia existente. En ese sentido, hace tan solo unos días se publicó en la revista Annals of Internal Medicine una revisión sobre el tema, titulada "Masks and Face Coverings for the Lay Public - A Narrative Update" (2020), que me ha parecido bastante clara y completa. 

Así que la he traducido prácticamente completa y aquí está el resultado:

2.12.20

Mascarillas transparentes reutilizables y normativa, tenemos un problema


Llevamos varios meses con la obligación de llevar mascarillas cuando salimos de nuestra casa. Un elemento de protección que se utiliza hace décadas en el contexto sanitario y laboral y para el que existe normativa específica que permite clasificarlo en función de su nivel de protección (el ahora famoso FFP2 y FFP3) y "homologar" los productos mediante diversos mecanismos y procesos de certificación y control. 

Pero a la hora de extender el uso de mascarillas a la población en general debido a la pandemia se publicaron unas nuevas especificaciones, las UNE 0064 y 0065, para detallar las características que deberían tener las llamadas "mascarillas higiénicas" (desechables y reutilizables, respectivamente), término que se utiliza para referirse al tipo de mascarillas más básicas y de uso general. 

El contenido de estas dos especificaciones podría resumirse diciendo que las mascarillas higiénicas deben cumplir unos requisitos de diseño, así como asegurar dos aspectos funcionales muy importantes: la capacidad de retención de partículas y la respirabilidad. La primera se establece mediante el ensayo de la "eficiencia de filtración bacteriana" (BFE),  que analiza la filtración de partículas capaces de transportar virus y bacterias. Y la segunda, la respirabilidad, con otro ensayo que calcula la pérdida de presión al hacer pasar aire a través del tejido. Ambos ensayos se describen en otra norma, la UNE-EN:14683: 2019 + AC:2019.

Estos serían los valores exigidos en UNE 0064 y 0065 para cada una de estas características, para mascarillas desechables y para reutilizables:




Es importante entender que estos valores pretenden establecer el equilibrio adecuado entre filtración y respirabilidad, dos características que suelen ser contrarias, ya que normalmente a mayor capacidad de filtración, menor respirabilidad, y viceversa. Una buena mascarilla debe ser capaz bloquear y retener gran cantidad de partículas, pero también deberá permitir dejar pasar la cantidad adecuada de aire, ya que en caso de que no lo haga el aire (y las partículas) tenderán a salirse por los bordes. 

En el caso de las mascarillas desechables, un análisis realizado por la OCU hace unos meses concluyó que la mayoría de las que se venden en los supermercados cumplían los requisitos de la UNE 0064. Una buena noticia. 

Pero no todo el mundo puede soportar el gasto que suponen las mascarillas desechables, así que en la medida en la que se mantiene la obligatoriedad de su uso, la oferta de mascarillas reutilizables ha crecido exponencialmente. Podemos encontrarlas en prácticamente cualquier comercio, fabricadas con todo tipo de materiales. Y, cada vez con más frecuencia, acompañadas de carteles o etiquetas indicando que se ajustan a la UNE 0065, algo que deberían cumplir todas, de acuerdo a la normativa oficial.

¿Podemos confiar en este tipo de mascarillas reutilizables? ¿Son fiables las que se venden? ¿Y cumplen las especificaciones?

15.10.20

Covid-19 y riesgo de contagio (5): Propuesta para el uso de mascarillas basada en la evidencia

Las autoridades sanitarias creen que ya hay bastante evidencia para pensar que el SARSCov2 se transmite a través de las gotículas y aerosoles que expulsamos al toser, estornudar, hablar e incluso al respirar (OMSCDC). Por otro lado, como se explica en este artículo de Erin Bromage, los expertos creen que la infección de este tipo de virus depende de que se introduzca en nuestro organismo una cantidad significativa del mismo. Aunque lo cierto es que no se sabe qué cantidad (además posiblemente dependerá de factores  como la susceptibilidad del receptor y periodo infectivo del emisor). Sobre lo que sí hay bastante consenso es sobre los factores del entorno que aumentan la probabilidad de llegar a dicha cantidad mínima: 

  • Entorno cerrado y sin ventilar
  • Mucha gente.
  • Contacto físico.
  • Tiempo.
  • Hablar, gritar, cantar, respirar intensamente.

Como expliqué en este post y este otro, todos estos factores están relacionados con dos efectos: una mayor expulsión de partículas (al hablar, gritar, cantar o respirar muy fuerte) y un contexto que facilita una inhalación continuada y repetida de aerosoles o gotículas en suspensión (falta de ventilación, tiempo largo, cercanía...). Ninguno de ellos es totalmente imprescindible para que se produzca un contagio, cuantos más factores estén presenten y de forma más "aguda" (menos ventilación, más tiempo, más gente, menos distanciamiento, más habla), más probabilidades habrá de que se llegue a dicha cantidad mínima para que se produzca la infección.

En base a estos criterios, hace unas semanas se publicó en BMJ el trabajo "Two meters or one: what is the evidence for physical distancing in Covid-19?" (2020), que incluía una matriz de riesgos de contagio en base a diversos factores, de la que hice una traducción-adaptación en este post anterior. Pues bien, en base a dicha matriz he diseñado la siguiente propuesta para formalizar unas recomendaciones para el uso de mascarilla en actividades grupales (cuando se interacciona con personas no convivientes), adaptables a cada situación y basadas en la evidencia (pinchar para agrandar):



Su uso es muy sencillo, basta con recopilar las características de la actividad en base a factores de expulsión de partículas (silencio, hablar, cantar...), tiempo de interacción con las personas (por encima de 15 minutos suele considerarse largo), factores de dispersión (exterior o interior y ventilación) y ocupación (alta si hay más de 10 personas o si la distancia entre personas es menor a 1,5-2 metros de forma continuada). En base a esta evaluación, la actividad se posicionará en una casilla concreta, a la que le corresponde un riesgo (bajo, medio, alto) y una recomendación del uso de mascarilla (innecesaria, recomendada u obligatoria).

Insisto en que es solo una propuesta. Que nadie piense que es un gráfico sobre lo que dicen las normas, porque no es así. Lo cierto es que las normas actuales en España son mucho más genéricas y a veces bastante contradictorias. Por ejemplo, se exige llevar mascarilla al andar solo por la calle, pero no en el trabajo ni en las terrazas o mesas de bares y restaurantes, donde se interacciona hablando con numerosas personas, con frecuencia en interior y con mala ventilación. 

Además, quisiera puntualizar que tengo mis dudas respecto a la casilla número 13. No conozco casos documentados de contagio en exteriores, con baja ocupación y tiempo de contacto breve, entre personas que griten o canten. Así que en esas circunstancias quizás podría hablar de riesgo bajo (verde) y no ser necesaria la mascarilla. Aunque, que quede claro, los autores de la propuesta original lo evaluaron como aparece en la figura.

Esta propuesta puede ser especialmente útil, por ejemplo, para los responsables de prevención de las empresas. En lugar de guiarse por el "no es obligatorio llevar mascarilla en el trabajo" o por directrices muy genéricas, podrían utilizar este modelo. 

También debe quedar claro que la mascarilla no es la panacea. Utilizarla no previene el contagio al 100%, simplemente reduce en cierta medida el riesgo, como se puede apreciar comparando la parte superior e inferior de la matriz de riesgos original. Posiblemente sea más importante reducir ese nivel de riesgo mejorando otros factores, sobre todo la ventilación y la ocupación. Además es posible que buena parte de las mascarillas que se utilizan tengan unas características de filtración bastante deficientes. 

Pero eso da para otro post...

17.9.20

Covid-19 y riesgo de contagio (4): Estrategias de persuasión y cambio de hábitos para el cumplimiento de las medidas preventivas


A la hora de hacer recomendaciones, dar directrices y diseñar campañas relacionadas con la salud pública - para la Covid-19 o cualquier otra cuestión - es importante también basarse en la ciencia y la evidencia. Por ello es especialmente interesante un documento que se desarrolló y publicó hace unas semanas por parte de un equipo de expertos, dinamizado por la National Academies of Sciences, Engineering, and Medicine, una entidad norteamericana cuyo trabajo es precisamente ese: recopilar, analizar y sacar conclusiones de la evidencia científica existente. El documento se tituló "Encouraging adoption of protective behaviors to mitigate the spread of covid-19Strategies for behavior change" (2020) y su objetivo era identificar las mejores estrategias para convencer a la gente a seguir las medidas preventivas y a cambiar sus hábitos y comportamientos. El resumen ejecutivo está disponible en este enlace

He pensado que sería interesante traducir sus contenidos principales, ya que además de ser aplicables a campañas e iniciativas que se aborden durante la pandemia, también podrían ser útiles para otras actividades relacionadas con la salud y con el cambio de hábitos.

Así que aquí está:

27.8.20

Covid-19 y riesgo de contagio (3), los peligros de hablar y cantar. ¿Y si la solución es hablar menos y más bajito?

Utilizamos la boca para comer, respirar, toser y estornudar. También para cantar, gritar y hablar, claro.  Los seres humanos sobre todo hablamos mucho, porque el lenguaje y la interacción social son características fundamentales de nuestra naturaleza. 

Respecto a la transmisión del coronavirus, la mayoría de estas actividades generan partículas de saliva que pueden portar virus. Tras ser expulsadas, pueden quedar suspendidas en el aire cierto tiempo y ser respiradas por otra persona. 

Durante estos meses se ha hecho especial hincapié en tener cuidado con las toses y los estornudos, ya que son los mecanismos más obvios de transmisión. Sin embargo, desde hace tiempo se sabe que también al hablar se expulsa gran cantidad de estas partículas - que se suelen denominar gotículas o aerosoles, dependiendo del tamaño - y que pueden actuar como vehículo de transmisión. 

Por ejemplo, en el estudio de hace más de medio siglo "Droplet expulsion from the respiratory tract" (1966) se detectó que contando hasta 100 en voz alta se llegaban a expulsar la mitad de partículas que tosiendo 15 veces. Y posteriores estudios han llegado a conclusiones parecidas, confirmando que existe una generación elevada de gotículas y/o aerosoles al hablar:

Investigaciones recientes como "SARS-CoV-2 transmission via speech-generated respiratory droplets" (2020) han permitido grabar en vídeo estas gotitas que expulsamos al hablar, utilizando sistemas de iluminación bastante espectaculares que permiten apreciarlas a simple vista:



Por lo tanto parece bastante razonable pensar que cuanto más se hable junto a otras personas, más riesgo de contagio habrá. 

26.8.20

Covid-19 y riesgo de contagio (2): algo más que distancia y mascarillas

Hace unas semanas publiqué este post explicando algunas de las evidencias que en aquel momento había respecto a las diferencias en el riesgo de contagio de Covid-19 entre interiores y exteriores. La mayor parte de la misma indicaba que las actividades grupales entre personas no convivientes realizadas en interior son de mayor riesgo. 

Aunque a la hora de hablar de medidas preventivas sobre todo se suele hacer hincapié en el distanciamiento, el lavado de manos y el uso de la mascarilla, las investigaciones y los resultados de los rastreos que se han ido publicando indican que es muy probable que el coronavirus de transmita principalmente a través de los aerosoles que generamos al hablar y respirar de forma intensa, por lo que hay más factores que se deben gestionar y tener en cuenta y sobre los que hay que concienciar mejor a la población. 

Recientemente en la revista British Medical Journal se ha publicado el artículo "Two meters or one: what is the evidence for physical distancing in Covid-19?" (2020), en el que se explica brevemente que la directriz principal de distanciamiento de 1-2 metros tiene orígenes muy antiguos y algo discutibles y que para prevenir la transmisión es necesario gestionar mejor más factores. Dicho articulo incluye una matriz de riesgos que me ha parecido visual y didáctica y que creo que podría utilizarse como base para evaluarlos. Así como de ayuda educativa para que las personas tomen medidas preventivas. 

Así que he decidido traducirla al castellano y traerla al blog (pinchar sobre la imagen para verla a mayor resolución):


Es muy posible que esta matriz no sea una versión definitiva y que pueda mejorarse y matizarse, pero creo que es un buen punto de partida para informar de forma más clara, tanto a la población como a los profesionales relacionados con la prevención.

24.5.20

Covid-19 y riesgo de contagio (1): Riesgo en exteriores



El confinamiento ha permitido detener la expansión exponencial de Covid-19, pero también nos ha impedido salir al aire libre, una actividad que es fundamental para mantener una buena salud, tanto física como psicológica. Pero también es cierto que salir puede facilitar el contacto con otras personas y quizás la transmisión de la enfermedad. Por ello, las directrices sanitarias deben estar bien meditadas, buscando el equilibrio entre los posibles beneficios y riesgos.  Y para tomar estas decisiones, y especialmente durante la desescalada, resulta muy relevante conocer bien las vías de propagación y contagio del SARS-CoV-2. Hay que ser prudentes respecto a actividades de mayor riesgo y quizás más tolerantes y flexibles con aquellas que el contagio es improbable.

Nadie duda de que el contacto estrecho entre personas supone un aumento del riesgo, pero hay bastante desconocimiento y confusión respecto a cuantificar los riesgos asociados a actividades al aire libre. Algunas directrices que se están dando durante las diferentes fases de la desescalada incluso podrían parecer contradictorias. Por ejemplo, por un lado, en la fase 2 se permite ir a comercios y estar en grupos de hasta 15 personas en terrazas y hogares, pero por otro se está empezando a exigir la utilización de la mascarillas en exteriores y no se permite hacer deporte individual en las franjas horarias destinadas a las personas mayores.

¿Y cuál es el riesgo real de salir de casa, a la calle, al campo? ¿Es necesaria la mascarilla en el exterior? ¿Que actividades pueden ser más o menos peligrosas?

Aunque hay bastantes investigaciones teóricas o de laboratorio sobre la propagación del coronavirus, posiblemente la forma más realista de conocerla es mediante el rastreo de los casos, es decir, mediante la investigación de las infecciones, analizando fechas y momentos de contacto o relación entre las personas afectadas y deduciendo cómo se ha podido producir el contagio. Y poco a poco, se van publicando estudios en los que se analizan gran cantidad de casos y focos, que nos pueden ayudar a deducir cuáles deberían ser las medidas más adecuadas.

Un buen punto de partida puede ser una gran recopilación de casos y focos que ha hecho Gwen Knight, que trabaja en el  Centre for Mathematical Modelling of Infectious Diseases, y que está accesible en este enlace. Los ha obtenido de diversas fuentes; la información sobre algunos es más detallada y rigurosa, a partir de estudios científicos o webs sanitarias, mientras otros se basan en noticias y artículos, con un enfoque más periodístico. Lo interesante es que uno de los parámetros que se incluye en el listado se refiere a si el contagio ha ocurrido en interiores (indoor) o exteriores (outdoor), por lo que es muy útil para intentar aclarar la cuestión que da título al post.