30.6.12

Bezoya utiliza la pseudociencia de Masaru Emoto y su agua milagrosa para vender

Me ha llegado un correo de Mauricio-Jose Schwarz, vía Círculo Escéptico, alertando sobre la nueva campaña del agua Bezoya, en la que se apoyan en un conocido del mundo de las pseudociencias y el New Age, Masaru Emoto. Este japonés afirma que "El pensamiento humano, las palabras, la música, las etiquetas en los envases, influyen sobre el agua y ésta cambia a mejor absolutamente". Sus supuestas investigaciones (que no han sido replicadas por científicos ni publicadas por ninguna revista científica) las han utilizado los pro-homeopatía en numerosas ocasiones, a pesar de que, insisto, ningún equipo independiente y riguroso haya podido reproducir estos descubrimientos. En resumen, el agua milagrosa de toda la vida, con un toque pseudo-científico.

 El caso es que los de Bezoya han publicado en su web este vídeo, utilizando sus mensajes sobre los supuestos "mensajes del agua", insinuando que tiene propiedades milagrosas con las técnicas más típicas de marketing:



No sé si lo que pretendían era hacer ruido (si es así, lo conseguirán) o prestigiar su agua (esto no lo van a conseguir, al contrario), pero esa estrategia de utilizar a un iluminado para hacerlo es muy peligrosa.Y engañosa.Como dice el amigo Pelayo, ha sido un verdadero patinazo, con lo fácil que lo tienen con ese nombre comercial y esa rima...

Para quien quiera profundizar sobre el tema de forma más seria, Mauricio-José nos ha facilitado unos cuantos enlaces escépticos:

http://is-masaru-emoto-for-real.com/
http://scienceblogs.com/insolence/2006/10/06/your-friday-dose-of-woo-h2ooooooommmm-1/
http://www.cyber-nook.com/water/Emoto_QA.htm
http://spacecityskeptics.wordpress.com/2008/12/23/more-water-woo-from-masaru-emoto/
http://charlatanes.blogspot.com.es/2006/09/ker-jimnez-promueve-agua-140-dlares-el.html

Actualización:
Un artículo muy recomendable sobre el caso: A Bezoya se le va la olla.
Más blogueros que destacan la ridícula campaña: Luis Alfonso Gámez en Magonia, Y Fernando Frías en El fondo del asunto.

28.6.12

5 razones por las que prefiero los medicamentos a los remedios naturales

Oye, que cansino todo el rollo ese de ponerle la palabra natural a todo para que pensemos que es más sano o que no le añaden porquerías. Cuando veo el pan de molde anunciándose como natural, intentó imaginar cómo será el árbol del que sale, pero como que no hay forma. Eso sí, la gente pica a destajo, aunque no lo reconozca. No lo saben ni nada los de marketing...

Lo que ya me molesta un poco más es lo de los remedios y pseudomedicinas naturales. Me ha vuelto la inquietud después de que la Ministra Mato (buen apellido para la ¿defensora? de la sanidad española) recomendara cambiar los tratamientos con dudosa eficacia terapeútica por hierbitas y similares. Muy propio de una ministra.

El caso es que es sorprendente la enorme cantidad de gente que pone al mismo nivel los remedios de naturopatía y los medicamentos de verdad. Incluso algún inconsciente por encima. Con la cantinela de que las farmacéuticas nos tienen a todos envenenados y nos quieren mantener enfermos para poder vendernos sus productos sin fin, nos repiten machaconamente sus mensajes. Mensajes que son, siendo suave, una soberana estupidez.

Por mi parte yo prefiero la química. Quizás haya algo de deformación profesional, pero sobre todo es por las siguientes razones, de cajón de madera de pino:

1- Las plantas no se crearon para curarnos

Como no pueden defenderse a mordiscos ni salir corriendo, la evolución ha dotado a las plantas de numerosos mecanismos para sobrevivir. Uno de los más eficaces es la presencia en sus entrañas de compuestos tóxicos o indigestos, algo muy persuasivo con los animales más osados y que se atreven a probarlas. De hecho, si te das un paseo por el campo y te comes una pizca de algunas de las plantas que no conozcas de nada, lo más probable es que acabes con un buen dolor de barriga o medio intoxicado. Por lo tanto, el hecho de que uno de sus componentes tenga utilidad terapeútica es simple casualidad, ni la evolución ni la planta pensaron en nuestra salud cuando posibilitaron que se incorporara el compuesto beneficioso a su composición. Más bien al contrario, si por ellas fuera, creo que les encantaría ser capaces de envenenarnos a todos los que nos las zampamos.

Un ejemplo que ilustra bastante bien esta primera razón es el género de plantas llamadas Aristolochia, usadas en la medicina tradicional china, egipcia y romana durante miles de años. Pues bien, hay diversos estudios, como "Mutational signature of aristolochic acid exposure as revealed by whole-exome sequencing" y "Genome-wide mutational signatures of aristolochic acid and its application as a screening tool" que han demsotrado que es altamente tóxica y cancerígena.

2-Los medicamentos de verdad siguen rigurosos protocolos para demostrar que funcionan

Para que se apruebe la venta de un medicamento de verdad debe superar un montón de requisitos, pruebas en animales y en humanos y protocolos que aseguren mínimamente su eficacia y seguridad. Y son largos, caros y exigentes. Por ejemplo, en este enlace, está los que sigue la FDA, la agencia del medicamento americana. Es cierto que no son perfectos, pero son muy fiables y cada día es más difícil conseguir nuevas aprobaciones, porque los nuevos medicamentos deben demostrar que aportan resultados superiores a los ya existentes. Por contra, los remedios naturistas no tienen que seguir ninguna exigencia ni protocolo, ya que oficialmente no son considerados medicamentos. Con tal de que no envenenen a nadie, se pueden vender con las estratagemas habituales de marketing que les asignan propiedades no demostradas.

3. Muchos medicamentos ya son naturales

La síntesis de moléculas y compuestos no es una tecnología sencilla, ni mucho menos. Por eso, a menudo para las empresas farmacéuticas, tras identificar un principio activo, es más económico y sencillo buscar un producto natural (planta, alga...) en el que esté presente y extraerlo mediante diferentes procesos.

4- El principio activo es el principio activo 

Tanto en un medicamento como en un producto de herboristería lo que aporta el efecto beneficioso es lo mismo: El principio activo, un compuesto concreto. Químicamente un compuesto es un compuesto, sus moléculas son exactamente las mismas y sus propiedades también.  Por eso, jamás se ha podido demostrar que un principio activo administrado desde una hierbecita tenga resultados diferentes a otro suministrado mediante una pastilla. Ni se demostrará, claro.

5- Es mejor saber todo lo que se toma y cuánto se toma

Cuando se fabrica un medicamento, se sabe con exactitud qué contiene (componentes, principios activos, excipiente, etc.) y su dosis o concentración (cantidad). Sin embargo, es imposible saber con precisión la concentración de un componente en una planta. De hecho, esta concentración suele variar bastante en función de diversos aspectos de su entorno: Época del año, situación geográfica, climatología... Además, las plantas contienen infinidad de otros compuestos, junto con el principio activo que buscamos, algunos quizás conocidos, otros muchos seguro que no. Y teniendo en cuenta la razón número 1, creo que es mucho más razonable saber qué y cuánto tomas exactamente que tomarte un brebaje medio a ciegas.

En definitiva, en el tema de medicamentos y productos de naturopatía, más natural significa menos control, menos pruebas de que funciona, menos seguridad y menos conocimiento de lo que se está tomando. Yo lo tengo claro.

25.6.12

El mes que viene llega Curiosity a Marte

Hace medio año, en este post, comenté el lanzamiento del Mars Science Laboratory, también conocido por Curiosity. El tiempo pasa y ocho meses después está a punto de llegar a su destino.

Es la nave más grande jamás enviada al Planeta Rojo, con una tonelada de peso y equipamiento para analizar definitivamente (o eso dicen) si alguna vez ha habido agua y condiciones para la vida en la superficie marciana.

Me temo que aunque el 5 de agosto nos enteraremos de que ha "tomado tierra" (o como se diga), mientras saboreamos una cañita en cualquier chiringuito de playa, no tendremos retransmisiones en directo ni nada por el estilo. Que los seres humanos consigan hacer llegar sana y salva una nave repleta de instrumentos a otro planeta parecido a La Tierra a millones de kilómetros de distancia no es noticia relevante, comparada con el desnudo en Interviú de Belen Esteban.

Confiemos que estando los políticos y deportistas de vacaciones tengamos algo más de información de lo habitual. Por ahora, puede ser el momento de visitar la web de la NASA y también de volver el espectacular vídeo con la simulación de la misión resumida. Por ejemplo, aquí mismo:

22.6.12

Comparativa cámaras compactas de gama alta

Ya se ha vuelto todo un clásico la comparativa que desde la web Quesabesde.com hacen cada año de las cámaras compactas de gama alta antes del verano. Los que estén animados a comprar una cámara cómoda y relativamente pequeña pero con prestaciones destacadas (opciones manuales, zooms espectaculares, vídeo HD, etc.), a las que se les llama "compactas viajeras", seguramente es el mejor análisis de este tipo que podrán encontrar.

El artículo completo está en este enlace y, como siempre, está lleno de detalles y muy bien explicado. Y la conclusión es la mejor a la que se podría llegar: Todas son muy interesante y parecidas y la elección es cuestión de matices.



14.6.12

Luis Durán, gran artista, gran persona

Uno tiene  muchas y diversas aficiones, algunas más o menos interesantes, pero otras más mundanas y menos proactivas. La lectura y colección de comics es una de estas, que comenzó en la época adolescente y que, aunque al ralentí, se mantiene en la actualidad.

Gracias a internet es mucho más fácil el intercambio y compraventa de tebeos y desde que empecé a desarrollar estas actividad en portales como Todocolección y tiendas de comics de todo el mundo (eBay incluido), he podido completar en unos pocos años mi colección de todo lo publicado por el artista Richard Corben, uno de mis favoritos. En uno de esos intercambios conocí a Luis, un amable coleccionista de material de Corben que me pidió que le ayudara a encontrar y comprar cosas que le faltaban. En estos intercambios mantuvimos una correcta relación, compartiendo nuestra admiración por el dibujante de Kansas.

Hace unos pocos días, me llegó una inesperada sorpresa-regalo. Era un libro grueso, de gran calidad, firmado por un tal Luis Durán. Igual que mi comprador de comics. Me bastó una consulta en Google para descubrir que aquel Luis, al que llevaba bastante tiempo buscando y vendiendo tebeos, era Luis Durán el dibujante, desconocido para mí pero con un montón de obras publicadas. Su modestia le había llevado a no decirme nada durante todo aquel tiempo. Y aquel libro, Una Colmena en Construcción, era su última obra. Internet por pura casualidad, me había permitido conocerle, a él y su obra.

Dediqué una semana a leer las cuatrocientas páginas de aquel espectacular tomo, lo quise hacer lentamente, saboreándolo a fondo. Porque descubrí que Luis Durán es un increíble contador de historias, un exquisito artista gráfico que te engancha desde el primer momento y que hila con elegancia relatos que te transportan a tiempos pasados, a buenos momentos, que te llenan de una agradable melancolía.

Una Colmena en Construcción es una bellísima historia digna de un gran artista, muy recomendable para cualquier amante del género. Ya me he puesto como objetivo buscar y comprar otros de sus comics, si son como éste, estoy seguro que disfrutaré mucho con ellos.

Luis, redoblando su generosidad, me incluyó en la primera página del libro un dibujo original dedicado, que admiré absorto durante largo tiempo tras finalizar la lectura.

Gracias, Luis. 

12.6.12

Ochate, mi experiencia en un pueblo maldito (y III)

Este post es la tercera parte de una serie de otros dos: Uno y dos.

Tras la animada e inesperada visita del alcalde, la lluvia pareció querer darnos un respiro y pudimos alejarnos un poco del cobertizo a estirar las piernas por los alrededores. Sin alejarnos demasiado, porque la oscuridad seguía siendo total y no queríamos acabar con las botas sumergidas en una charca de barro. Aprovechamos ese breve paseo para debatir sobre la posibilidad de acercarnos o no a la famosa torre y pensar qué hacer en ella. De repente, en mitad de la charla que teníamos, uno de nosotros levantó la cabeza y, mientras señalaba hacia las sombras exclamó sorprendido:

- ¡Mirad! ¡Luces!


Todos nos giramos hacia la dirección a la que apuntaba y, efectivamente, vimos que varias luces oscilaban de un lado a otro. Se situaban en la dirección contraria a la que estaba la torre, en concreto por donde se encontraba el camino por el que se accedía al lugar en el que estábamos. Así que rápidamente dedujimos que se trataba de linternas, portadas por gente que se acercaba hacia donde nosotros estábamos. Hecho que se corroboró en cuanto escuchamos las sonoras voces que emitían, ya que era un grupo bastante numeroso.

Cuando se acercaron lo suficiente nos vieron y se acercaron a saludar. Nos llamó la atención la composición del grupo, formado por gente joven y de mediana edad acompañados de sus hijos, algunos de ellos sorprendentemente pequeños. Nuestra excursión podría ser un tanto excéntrica, pero recorrer con linternas aquel páramo helado y húmedo acompañado de niños de corta edad más allá de las medianoche era bastante más radical. Nos contaron que solían hacerlo a menudo, atraídos por la leyenda del pueblo abandonado, a la búsqueda de emociones o de alguna sorpresa, pero que realmente poco misterioso habían encontrado en sus excursiones, más allá de algún ruido extraño o sombra huidiza, explicables fácilmente mediante fenómenos naturales.

El caso es que aquello no fue circunstancial. La llegada de aquel grupo pareció ser el pistoletazo de salida de todos los buscadores de misterios que parecían haberse puesto como meta llegar por allí pasada la medianoche. A partir de aquel momento, el goteo de gente fue incesante y todo el que veía nuestro fuego, se acercaba a saludar y charlar un rato. Alucinados, presenciamos como según avanzaban las horas,  llegaba y llegaba gente y se creaban animados corrillos en los que se hablaba de temas misteriosos diversos mientras se intercambiaba algo para picar y para beber. Al más puro estilo 15M.

Finalmente, alguien movilizó a todo el mundo para ir a la torre. No puedo recordar con detalle cuántos fuimos, pero el grupo era lo suficientemente numeroso como para tener problemas de espacio mientras, sentados y concentrados, mirábamos un radio-cassete que grababa  el sonido ambiente, a la caza de posibles psicofonías. Tengo que reconocer que al principio, el silencio, la oscuridad y las historias que había escuchado, me hicieron sentir algún que otro escalofrío recorriéndome la espalda. Pero poco a poco, el cansancio hizo acto de presencia y estuve a punto de quedarme dormido mientras escuchaba la voz de un animado prototipo de Iker Jiménez invocando al más allá y a las presencias de vidas pasadas en aquel pueblo.

Volvimos al entorno del cobertizo y nos sentamos a escuchar la cinta, que, como era esperable, no grabó más que nuestros propios ruidos. Así que rápidamente saqué mis grabaciones del que entonces era el programa del misterio por excelencia, Medianoche,  y estuvimos escuchando unas cuantas psicofonías de verdad con dolientes voces clamando por vivir, seguidas de un par de cuentos de terror narrados por el conductor de aquel gran programa, Antonio José Alés, con su inigualable e impresionante voz.

Un servidor no es de noches en vela, así que cuando la madrugada estaba muy avanzada abandoné la animada tertulia y me metí a la tienda a dormir algo. Estaba tan cansado que el duro suelo y el frío no me afectaron en absoluto y, aunque fue un sueño corto, resultó profundo y reparador. Al levantarme con las primeras luces del día me sorprendió ver que varios de mis amigos no habían pegado ojo en toda la noche y que todavía estaba en proceso de larga despedida alguno de los visitantes, entre abrazos y promesas de amistad eterna, juramentos de intercambios de psicofonías y deseos de encuentro en próximas aventuras o alertas OVNI. Que jamás se cumplieron, claro.

La recogida y retirada fue bastante bipolar. Por un lado, contentos de que la noche hubiera sido inesperadamente animada, mucho más enriquecedora de lo que esperábamos y un buen mecanismo para conocer gente. Aunque no nos hubiéramos tropezado con nada del más allá, tampoco íbamos con muchas esperanzas de ello. Por otro, quejosos por lo que nos costó atravesar con los coches algunas zonas llenas de agua y barro, hasta llegar a la primera carretera asfaltada. Y finalmente, enfadados, sobre todo yo, al descubrir que alguna de las visitas se había vuelto a su casa con un regalo extra: Mi cámara de fotos, que había sido hábilmente expoliada del interior de la tienda de campaña.

Lo considero como el peaje que tuvimos que pagar por pasar una noche en el pueblo maldito de Ochate. Quien sabe si no está ahora en alguna otra dimensión paralela...

10.6.12

Ochate, mi experiencia en un pueblo maldito (II)

(Este artículo es la continuación de este otro).

Aquella larga noche en el pueblo maldito de Ochate no resultó ser lo que esperábamos, pero en ninguno de los sentidos. No recuerdo con precisión cuál era nuestro estado anímico después de que el chalado y su supuesto hijo se marcharan, pero fuese cual fuese, lo que ocurrió después nos dejó más tiesos que una vela.

Serían sobre las once de la noche, chispeaba de vez en cuando, el frío se iba colando por debajo de nuestras cazadoras y el poco fuego que quedaba en el bidón era incapaz de abrir el más mínimo resquicio en la negrura que nos rodeaba. Y aprovechando el típico "ángel", esos segundos en los que se hace un incómodo silencio,  de nuevo sin avisar  llegó la siguiente visita.  No, no fue una aparición de ultratumba ni ninguna presencia etérea. Era el alcalde del condado de Treviño. O al menos eso nos dijo, después de que sucediera esta conversación:

(el) - ¿Por qué habéis hecho fuego ahí?
(nosotros)- Es que como estaba todo el suelo mojado y no queríamos acercarnos demasiado a los postes del cobertizo, hemos pensado que era el mejor sitio.
- Pues esos bidones se usan para dar de comer (¿o beber?) a las vacas.
- ¡Huy vaya! Lo sentimos, no lo sabíamos. Ahora mismo lo apagamos y lo limpiamos.
- Bah, es igual, ya no tiene remedio, manda coj....
- ¿Quiere un poco de vino?
- Bueno.

No sé si realmente era el alcalde, pero la escena fue muy similar a la anterior... pero desde el punto de vista contrario. El tipo se fue caldeando con cada trago de vino y respondió encantado a nuestras preguntas, soltando frases que todavía recuerdo perfectamente, porque incluso las grabamos:

"¿Yo ver luces y cosas aquí? ¡Siempre he vivido aquí y nunca he visto nada raro!"
"¡No me extraña que haya gente que vea cosas, vienen aquí y se meten de todo! ¡Así yo también veo! ¡Y los que no se meten están como cabras!"
"Una vez pillé a dos hippies en pelotas y fumando porros tumbados dentro de aquel pajar de allí. ¡Podían haberlo achicharrado! ¡Saqué el bastón y les dije que si no se iban cagando leches, me liaba a ost... con ellos! ¡No veas como corrían, los hij... pu..."!

El caso es que al ver que éramos relativamente formales, le reíamos las gracias y además le habíamos donado buenos tragos a coste cero, se marchó casi dándonos un abrazo. Y aquel segundo encuentro nos sirvió para estar comentando otro buen rato, mientras escuchábamos la grabación recién realizada de la conversación con el curioso y escéptico alcalde. Incluso siendo en playback nos volvimos a reír al oír la historia de los hippies, imaginarlos corriendo desnudos por aquel inhóspito lugar era esperpéntico, fuera o no real la historia.

El caso es que nos acercábamos a la medianoche y teníamos que tomar una decisión. ¿Después de aquella ducha de realismo, merecía la pena ir a la torre famosa a intentar algún "contacto" o mejor nos metíamos en la semi-caída tienda de campaña a intentar dormir un poco? Porque, esta vez sí, parecía que la animación había terminado, así que o hacíamos algo para entretenernos o lo mejor era acortar la noche durmiendo.

Pero de nuevo nos equivocamos y Ochate nos volvió a sorprender...

Sigue en la parte 3.

6.6.12

Ochate, mi experiencia en un pueblo maldito (I)

Ochate es un pueblo abandonado del Condado de Treviño, en Álava, muy conocido en el mundo de lo oculto. Hasta Iker Jiménez le dedicó un tiempo en su programa, ya que la leyenda que arrastra es bastante jugosa:  Sus habitantes fueron supuestamente diezmados sin piedad por diversas plagas y enfermedades varias veces, hasta convertirse en un pueblo vacío. Así que los amantes de lo oculto aseguran que es un lugar maldito en el que se presencian con cierta regularidad fenómenos extraños: OVNI’s, luces extrañas, grabaciones de psicofonías… Evidentemente, todo esto tiene un rigor similar al de la mujer muerta que se aparece en la curva de la carretera.  El periodista Luis Alfonso Gámez ha escrito con frecuencia sobre el tema en numerosas ocasiones y en este estupendo artículo de su blog podemos leer un preciso resumen de toda la idiotez y la porquería que hay detrás de esta sarta de insensateces.

El caso es que hace un tiempo un servidor también tuvo su experiencia personal en Ochate. Ocurrió hace más de dos décadas, cuando uno era capaz de juntarse con varios amigos, coger un coche y perderse por ahí unos cuantos días a la búsqueda de emociones del más allá. Y como aquella experiencia tuvo su aquel, me he animado a contarla en este blog.

El plan lo lideró uno de los amigos, especialmente interesado en este tipo de temas, que localizó el lugar en un mapa (no existía internet, claro) y nos puso en antecedentes de las historias. No necesitamos mucho para organizar la expedición: Cinco personas, dos coches, una tienda de campaña, un cassete para grabar, una cámara de fotos, provisiones y tabaco. Era todo lo que necesitábamos.

Como era invierno y el camino estaba lleno de barro, conseguimos llegar a duras penas por la tarde, antes de anochecer. La idea era pasar una noche allí, así que estaba perfecto. Intentamos montar la tienda de campaña, pero no era muy buena y  la incesante lluvia se colaba al interior, así que localizamos una especie de cobertizo o tejadillo vacío y la montamos debajo. Para cuando terminamos acababa de anochecer y el tema pintaba feo: todavía eran las siete de la tarde, no paraba de llover y si íbamos a tener que esperar hasta la media noche para empezar la actividad de “hinbestigación”, aquello tenía toda la pinta de que iba a ser muy largo…

Con el objetivo de hacer la espera más llevadera, sacamos los bocadillos, unas botellas de vino y encendimos un fuego dentro de un trozo de bidón viejo que encontramos. Supongo que gracias al efecto del alcohol y al de la luz de las llamas, el tema se animó un poco y los chistes y bromas caldearon el ambiente. Y ya se sabe cómo suelen evolucionar estos momentos: Hacia la interpretación grupal de alegres melodías y tonadillas locales. A los únicos que podíamos molestar era a las supuestas almas en pena que pululaban por la zona, porque de las otras, de las de dos piernas, no tenían pinta de pasarse por aquel rincón perdido y húmedo.

Para las diez de la noche no quedaba comida y gran parte del vino se había evaporado, así que los chistes empezaban a tomar un cariz menos inocente y el tono de las voces era bastante elevado. La noche era oscura, sin estrellas, fría, húmeda. El fuego ardía con ganas en el bidón y la lluvia habia remitido un poco. Las canciones habían llegado a un punto peligroso, ya centradas en bandas sonoras de programas infantiles de nuestra infancia. Y justo en ese instante, como de la nada, de entre las sombras de detrás del cobertizo, apareció una pareja de hombres, uno maduro, con barba y el otro muy joven, un adolescente. La conversación que se produjo fue algo así, liderada por el mayor de los dos:

(Ellos)-Aquí estáis mal
(Nosotros)- ¿Cómo?
- Que aquí estáis mal
- ¿Mal? ¿Por qué?
- ¿Venís por lo de las apariciones?
- Bueno, si...
- Pues tenéis que ir a la torre, allá arriba.
- Ah...
- ¿Sabéis quien soy?
- Pues no.
- ¿Seguro? (se arrima al fuego y muestra su cara)
- No caemos...
- No me habéis visto en la tele?
- No.
- Pues me han entrevistado. Yo vengo con mi hijo... con mi hijo... ¿cómo te llamas?
- Carlos.
- Vengo con mi hijo Carlos todos los días y es ahí donde hay que ir.
- Vale, luego iremos.
- ¿Tenéis un poco de vino?

Nos faltó tiempo para empezar a hacerle preguntas, que respondió encantado mientras se tomaba unos tragos. Inmediatamente nos dimos cuenta de que era el típico chiflado que no decía más que incongruencias, hablando de voces, luces, sombras y similares. Y que lo único que buscaba era cierto protagonismo. Ah, y que quien le acompañaba, que parecía el hermano menor de El Vaquilla, no era su hijo, claro.

Se pasó cerca de media hora de cháchara y gorroneando alcohol y en cuanto la conversación bajo de ritmo, ambos desaparecieron tan súbitamente como habían llegado, deslizándose hacia la oscuridad y caminando, alejados de cualquier camino principal, hacia vaya usted a saber dónde.

Nos miramos, sacamos más vino y comentamos  la jugada tras asegurarnos que estaban lejos.Aunque coincidimos en que el tipo no era más que un impresentable, seguiríamos sus consejos y sobre la media noche iríamos a la torre. Era lo único que se nos ocurría para no morirnos de asco, ya que pensábamos que aquella visita sería el único entretenimiento de  la aburrida y eterna noche que nos esperaba. Pero no podíamos estar más equivocados...

Sigue en la parte 2.

3.6.12

Si no puedes acceder a Google y otros buscadores, tienes un virus. Consejos para limpiarlo

Pensaba que lo de los virus era ya algo del pasado, pero parece que de vez en cuando se revuelven peligrosamente y hasta los que nos creemos muy listillos para estas cosas caemos en la trampa. Cuento mi experiencia, por si a alguien le sirve como prevención o cura, que siempre vienen bien consejos de quien ya lo ha padecido para no volverse loco con las soluciones.

Al parecer la infección ocurrió al visitar una web a la que llegué por un enlace en las estadísticas del blog. Estaba viendo las visitas y fuentes de tráfico y una de las webs de referencia (la verdad, no recuerdo cual) me sonó nueva y desconocida, así que la visité... y caí. EL antivirus (NOD32) detectó la intrusión e intentó parar la infección, pero no pudo desinfectarlo (salió un mensaje de error). El virus o malware ya había entrado.

El síntoma era de lo más sorprendente: Podía navegar por internet con normalidad por cualquier lado, excepto utilizando los buscadores. Cuando accedía a Google, Bing o Yahoo no funcionaban, se quedaban bloqueados, el navegador (cualquiera, probé con todos) se quedaba pensando hasta la eternidad. El que haya diseñado el programita en cuestión tiene la mala leche habitual.

Probé todo tipo de programas de limpieza, pero no acababan de solucionar el problema.Algunos muy eficaces como el CCleaner se quedaban colgados en la instalación, lo que indicaba que el virus estaba bien armado para defenderse. Tras un par de días de deseperación, me ayudaron a identificar la raíz del problema el excelente soft antispyware Malwarebytes y este oportuno y maravilloso post en Techsupportforum. Al parecer se me había colado el Funmoods, una aplicación indeseable, y también un troyano llamado Virus.Win32.Rloader.a.

La solución tuvo tres fases:
1. Pasar el Malwarebytes y desinfectar y limpiar todo lo que detectó.
2. Desinstalar el funmoods, desde el panel de control (como un programa más) y como una extensión en chrome y Firefox.
3. Descargar el TDSSkiller de Kaspersky y escanear el ordenador. Detecto el troyano y lo limpió perfectamente.

Y problema solucionado. Menos mal, porque lo del formateo me estaba dando una enorme pereza...

Por cierto, que el soporte de NOD32 no dio la talla. Les escribí, les llamé, me hicieron probar varias cosas, pero dijeron que no se veía nada raro y fueron incapaces de encontrar una solución. Me parece que han perdido un cliente.
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