15.4.09

El apagón y el medio ambiente

Hace unos días la iniciativa "La hora del planeta", de WWF (Adena), nos invitaba a apagar las luces. Tengo que reconocer que yo no las apagué, sobre todo por dos razones:
  • ¿Qué se promovía? ¿Luchar contra el calentamiento global? ¿El cambio climático? ¿El consumismo desmedido? ¿La deforestación? ¿Todo? Para adherirme a algo me gusta saber el mensaje exacto. Lo que dice en su web tampoco es algo con lo que comulgo demasiado: "...para demostrar que es posible que todos tomemos acciones ante el calentamiento global". Ya he escrito en varias ocasiones mis ideas sobre el cambio climático.
  • Este tipo de campañas creo que son incluso contraproducentes. Hace que aquellas personas que usan el coche hasta para ir a la vuelta de la esquina, que no se molestan en separar la basura y que tienen todo el día sus cachivaches electrónicos encendidos, se sientan con buena conciencia por haber apagado un rato la luz y justifiquen que en su día a día sigan despilfarrando recursos y energía sin medida.
Seguro que la intención de WWF era buena. Y según ellos, la hora de La Tierra fue un éxito. Pero yo sigo escéptico. A mi pesar, estoy más con los argumentos que desgrana Bjorn Lomborg, el demonizado autor de El Ecologísta Escéptico, en su artículo "Yo no apagaré la luz" del diario El Mundo, que copio pego a continuación, saltándome las reglas del buen bloguerismo y del copirrait:

"(...) Estos esfuerzos están cargados de buenas intenciones. Pero, desgraciadamente, esta iniciativa es un gesto puramente simbólico que infunde la errónea impresión de que hay fórmulas fáciles e instantáneas para resolver el cambio climático. Aun en el supuesto de que en este sábado 1.000 millones de personas apagaran las luces, toda la operación supondría en su conjunto el equivalente a la suspensión de las emisiones de gases de efecto invernadero de China durante sólo seis segundos. En términos económicos, los beneficios medioambientales y humanitarios de los esfuerzos de todo el mundo desarrollado ascenderían a no más de (...) 10.752 euros al cambio de hoy.

La campaña no pide a nadie que haga algo que le cueste más, como prescindir de calefacción, el aire acondicionado, los teléfonos, internet o la comida caliente. Es de suponer que si alguien se sienta en su casa a ver la televisión, con la calefacción y el ordenador en funcionamiento, podrá afirmar que ha tomado parte en una respuesta al recalentamiento del planeta siempre que mantenga apagadas las luces de su casa. El simbolismo es casi perverso.Además, la iniciativa podría producir una contaminación más elevada en conjunto que si nos limitamos a dejar las luces encendidas.

Cuando se le pide que prescinda de la electricidad, la gente recurre a las velas. Las velas parecen muy naturales, pero son casi cien veces menos eficaces que las tradicionales bombillas incandescentes y más de 300 veces menos eficaces que las luces fluorescentes. Si se enciende una vela por cada bombilla que se apague, el que lo haga no estará reduciendo las emisiones de CO2 en absoluto e incluso, si enciende dos velas, emitirá aún más CO2. Por si fuera poco, las velas contribuyen a la contaminación del aire en recintos cerrados entre 10 y 100 veces más que el nivel de contaminación producido por todos los coches, la industria y la producción de electricidad.

No hay ningún sustituto barato del carbono que quemamos. Esta es la razón por la que muchas promesas de reducciones drásticas de CO2 se quedan simplemente en compromisos vacíos de contenido.Una solución seria al recalentamiento del planeta tiene que centrarse necesariamente en la investigación y desarrollo de energías limpias en lugar de empeñarse en promesas vacías de reducción de las emisiones de carbono.

Es indispensable que de manera urgente consigamos hacer de la energía solar y de otras tecnologías innovadoras recursos más baratos que los combustibles fósiles, de manera que podamos liberarnos de las fuentes tradicionales de energía durante mucho más tiempo que una sola hora y, a la vez, mantener el planeta en funcionamiento.Todos los países deberían ponerse de acuerdo en destinar un 0,05% de su PIB a la investigación y desarrollo de energías con bajas emisiones de carbono."

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